Yo aprendí a navegar con mi hijo cuando tenía ocho o diez años y no me parece justo confiar la responsabilidad de un rescate a ningún novato. Puede no ser fácil y, si fracasase, encuentro que mi confianza podría hacerle sentir culpable, una putada.
Prefiero acostumbrarme a navegar solo y a administrarme los riesgos. Cada novato tiene su propio espacio de confort, intento darles solo la información que necesitan para sentirse seguros y cuidar de sí mismos. Se supone que vienen a disfrutar. Sí les suelo explicar cómo parar el barco a vela, seguramente cómo llamar por radio y quizás a arrancar el motor.
Soy consciente de que con esto no puedo esperar mucho; por eso intento navegar sólo con tripulaciones que sé que harían lo imposible si fuese necesario.
