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Predeterminado Re: la ultima de la poseidonia. Alucinar

A continuación se comentan las principales actividades humanas cuyas presiones e impactos influyen en alguna medida, de forma directa o indirecta, sobre las praderas marinas de Baleares (Mapas 1B, 2B y 3B)


Vertidos

En Baleares las actuaciones en materia de saneamiento y depuración de aguas residuales urbanas, se inician a principios de la década de los
setenta, con el desarrollo de planes parciales en zonas del litoral. En Baleares además estas actuaciones se relacionan también con motivo de
un problema de salinización de los acuíferos, así el uso de agua depurada para la agricultura permitió el saneamiento y regeneración de algunos
de los acuíferos afectados (Santarrufina, 2007). En los mapas 1B-3B, se observa la distribución de todos los emisarios que vierten su contenido al mar en Baleares (ver también http://www. ideib.cat/), correspondientes a depuradoras, desaladoras, canalizaciones pluviales y antiguas canalizaciones de aguas residuales que vertían directamente al mar.

A pesar de que las aguas depuradas que se vierten en la islas proceden todas de tratamientos secundarios y terciarios (Portal del Agua de las
Islas Baleares; Alonso, 2002), su carga de nutrientes y materia orgánica es todavía alta. De hecho el mayor problema que representa este
impacto en Baleares es que en su mayoría, los difusores de evacuación están situados a poca profundidad (a menos de 20 metros) y algunos de ellos cercanos a praderas de P. oceanica. A partir de los estudios realizados en las últimas décadas (Holmer et al., 2003; Calleja et al., 2007; Díaz-Almela et al., 2008; Marbà et al., 2007), no es arriesgado decir, que la eutrofización del sedimento, es uno de los problemas más graves a los que se enfrentan las praderas de P. oceanica hoy en día. Así, el hecho de que en Baleares
la emisión de las aguas residuales se realice a poca profundidad, constituye uno de los principales impactos con los que se enfrentan las praderas
de nuestras islas.

La desalación de aguas en Baleares se inicia en los años 90, con la instalación de la primera desaladora en Ibiza (1996). Desde entonces, se han
construido 6 plantas desalinizadoras, 4 de ellas en activo repartidas entre Mallorca y Pitiüses, además de las instalaciones portátiles que funcionaron
entre 2000 y 2007 (Portal del Agua de las Islas Baleares). Los emisarios de las desaladoras vierten la salmuera diluida a poca profundidad
(profundidades inferiores a 20 m), en algunos casos cerca de praderas de P. oceanica. El emisario de la desaladora de Formentera, ha sido el único de las islas en el que se ha documentado el impacto de la salmuera sobre las praderas de P. oceanica (Gacia et al., 2007). A pesar de que
la salmuera se expulsa diluida, la salinidad a la que sale es superior al agua de mar, como se ha visto en éste y otros estudios (Gacia et al., 2007;
Fernández-Torquemada et al., 2005; Sánchez-Lizaso et al., 2008), causando graves perjuicios a la planta que se ha demostrado que es incapaz de tolerar pequeños incrementos de la salinidad media externa (Sánchez-Lizaso et al., 2008; Ruiz et al., 2010). Los vertidos procedentes de la acuicultura en
Baleares son de carácter anecdótico, ya que este tipo de industria ha tenido escasa presencia en las islas. En la actualidad sólo se puede mencionar las bateas para la producción de mejillón que hay en la ría de Mahón, que por su situación están alejadas de praderas de angiospermas
marinas. Uno de los pocos casos documentados del impacto de la acuicultura en Baleares es el de una granja marina dedicada a la producción de dorada, que fue establecida en la bahía de Fornells entre los años 1985 y 1991. Aunque la producción anual era relativamente pequeña, menos de 3 toneladas anuales, la situación de las jaulas en la bahía, ubicación muy somera (unos 6 m) y resguardada del oleaje, produjo un elevado impacto sobre las praderas de P. oceanica y Cymodocea nodosa, que desaparecieron por completo en el área ocupada por las jaulas e inmediaciones. Este caso constituyó uno de los primeros estudios del impacto de esta actividad sobre los ecosistemas bentónicos y en particular sus negativos efectos sobre las praderas de angiospermas marinas (Delgado et al., 1997; Delgado et al., 1999).

Fondeo regulado y no regulado
Baleares es un destino de turismo náutico importante del Mediterráneo. Cuenta con 68 puertos deportivos y más de 19.900 amarres en total (Conselleria de Turisme, datos del 2007). En las dos últimas décadas se ha visto incrementado el número de embarcaciones que visitan las islas
en la temporada estival, así como el número de chárter, que ha aumentado un 16% desde 2010 (Conselleria de Turisme, datos del 2012). Se ha
estimado que sólo en Mallorca en un día de verano puede haber a la vez más de 6.000 embarcaciones, de diferente eslora, navegando alrededor
de la isla y/o fondeadas (Balaguer et al., 2007). Para Menorca se tiene una estima de 700 embarcaciones diarias en verano, pero esta estima
es sólo de 20 playas visitadas entre 1999-2002, así que probablemente su número sea mayor (Roig-Munar, 2003). Aunque no se ha calculado para el resto de islas, podemos suponer un número de magnitud similar, sobretodo en Pitiüses en los últimos años. Gran parte de estasembarcaciones fondean a poca profundidad, a menos de 5 m, y sobre arena preferentemente, pero hay muchas que lo hacen sobre praderas de P. oceanica (Balaguer et al., 2011; Dietrich et al., 2013). Por tanto, debido al elevado número de embarcaciones que transitan en el periodo estival, las praderas de la mayor parte de bahías, playas y calas de las islas se hallan sometidas al impacto de fondeo no regulado (Mapas 1B, 2B y 3B). En Ibiza y Formentera no se ha realizado ningún estudio para valorar el número de barcos que fondean en sus playas. Contamos con una estima que se hizo en 2003 para las playas del
parque Natural de Ses Salines (datos del informe de la Consultora DUNA S.A., 2003), en la que contabilizan alrededor de un millar de embarcaciones
sólo para las playas de Formentera, de Illetas y Espalmador. Sabemos que desde el año 2003 el número y eslora de las embarcaciones ha aumentado y que la presión de este impacto es elevada. En los mapas 1B-3B, se han señalado para Pitiüses sólo aquellos puntos que conocemos que poseen elevada presión de fondeo, pero es muy probable, que al igual que en Mallorca y Menorca, la mayor parte de calas y bahías se estén viendo afectadas por esta importante presión humana.

Con motivo de esta elevada presión sobre las praderas, en 2006, a partir del proyecto LIFE-POSIDONIA, se instalaron fondeaderos regulados en 9 zonas de las islas con mayor presión de fondeo (ver mapas 1B-3B). Así se instalaron 394 boyas, que si bien no cubren la demanda existente, al menos alivian parte de la presión sobre las praderas en esas zonas.



En un estudio realizado en el año 2000 (Romeroet al., 2007b) para el Parque Natural del Cabo de Creus, se cuantificó la presión de fondeo (número y eslora de las embarcaciones) en la mayoría de calas durante la época de mayor frecuentación y se relacionó con un índice de degradación de las praderas. Los resultados mostraron un umbral cercano a las 7 embarcaciones por hectárea, por debajo del cual los efectos en lapradera no eran perceptibles, si bien los propios autores reconocen una elevada incertidumbre al respecto. Respecto a zonas claramente impactadas por fondeos en Cataluña, podemos mencionar como ejemplos positivos los casos de Port-Lligat y las islas Medes. En ambos casos se superaba el umbral mencionado, con claros signos de degradación. También ambas zonas fueron objeto de actuaciones específicas, con instalación de fondeos ecológicos y prohibición del anclaje. En el caso de las islas Medes, estos fondeos ecológicos se instalaron en 1991, y el seguimiento posterior ha permitido detectar una mejora en los indicadores estructurales de la pradera (densidad y cobertura, Romero et al., 2012a). En Port-Lligat se instalaron hacia el
2005, y no ha habido seguimiento. En la costa catalana, las zonas de mayor presión de fondeos las hallamos en la Costa Brava, puesto quecoincide un parque náutico más numeroso y una situación de las praderas (dentro de las calas) coincidente con los mejores fondeaderos. Por el contrario, las praderas situadas a cierta distancia de la costa ofrecen menos atractivo para el turismo náutico, por lo tanto no sufren este tipo de presión o lo hacen de manera mucho más atenuada.

Además de los fondeos, otro de los efectos del turismo náutico es haber estimulado la construcción de puertos. Actualmente, en la costa catalana
existen un total de 47 puertos deportivos, además de los comerciles y pesqueros, con capacidades que oscilan entre los 60 y los más de 4.500 amarres, contando sólo náutica recreativa. La distancia media entre puertos, excluido el delta del Ebro, es del orden de las 5 millas náuticas, lo cual supone una fuerte presión sobre el entorno natural. Hay pocos tramos de costa sin puertos que superen las diez millas, casi todas ellas
situadas en la Costa Brava (entre Port de la Selva y Roses, o entre Platja d’Aro y Sant Feliu, por ejemplo). En algunos casos, la construcción (o, en su caso, ampliación) de puertos ha supuesto un impacto directo significativo sobre las praderas con pérdidas de hasta el 50% de sus efectivos (densidad y cobertura) por la disminución de luz y acumulación de sedimento (Roca et al., 2014).

En todos los casos, los puertos generan una variedad de impactos indirectos (modificación de corrientes, incremento de la carga de sedimentos durante la construcción, alteración de la dinámica sedimentaria, aumento de la frecuentación y del número de embarcaciones, etc.), muchos de los cuales implican consecuencias negativas para las praderas. Un caso particular a medio camino entre los dos anteriores (fondeo de día e instalación portuaria) lo representan los campos de boyas de temporada, dispuestos para el
amarre de embarcaciones durante los meses de verano. Estos campos de boyas, presentes sobre todo en la Costa Brava, tienen impactos significativos
sobre praderas de angiospermas, que no se han evaluado con precisión.

Respecto al turismo náutico, se suelen llevar a cabo, desde las administraciones, diversas campañas orientadas a fomentar las buenas prácticas de navegación y fondeo. Asimismo, las autorizaciones
administrativas para los campos de boyas suelen incluir la exigencia de minimizar el impacto sobre las praderas.
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biker62 (26-05-2017), DUDU (25-05-2017), mazatlan (23-06-2017)