Me alegro mucho por el final feliz.
En relación al rescate de una motora por parte de un velero, me acuerdo que hace muchos años cuando tenía un pequeño Etap 26 volviendo al puerto de Sada, me encontré con una familia a la deriva en una motora cabinada que reclamaban mi atención moviendo toallas.
Apenas me vi obligado a cambiar ligeramente el rumbo para acercarme a ellos y orzar para desventar las velas y parar el barco. Me informaron que se les había parado el motor y me pidieron remolque. Por aquella época la normativa no era tan estricta o las autoridades eran más laxas, el caso es que nadie tenía dudas de ayudar a quien lo necesitara sin mayor pretensión de que te invitaran a unas cañas.
En muy poco tiempo baje la mayor y les pase una vieja escota para darles remolque. De camino a puerto no me vi obligado a encender el motor. Bien es cierto que no hicimos más de dos millas de travesía un día de verano con buena mar y viento favorable, pero además de la satisfacción de poder ayudar a quien lo necesitaba, me sentí especialmente satisfecho de poder rescatar la motora con la simple ayuda de las velas.
Me acorde de mi abuelo paterno. En su casa siempre se habían criado buenos perros y la mejor yunta de bueyes. Cuando ya había dos tractores en la granja, mi abuelo nunca quiso desprenderse de los bueyes que asomaban sus cabezas y sus cornamentas enormes por los comederos que flanqueaban la salida de La Cocina a la Era. La tarea más importante de mi abuelo era alimentar y entrenar a los bueyes. Cuando alguien le preguntaba sobre el absurdo y caro capricho de mantener la yunta de mansos, siempre decía lleno de orgullo. Todavía este año me han venido a llamar para sacar con ellos a varios tractores clavados en el barrizal,
Y así se quedaba riendo como fugaz ganador de una batalla de un mundo que desaparecía, pero que todavía tenía un poder sobre las máquinas que ya lo invadían todo.
Llevar aquella lancha rápida llena de pegatinas racing a remolque y al ritmo pausado de un manso velero, eran una evocación a los bueyes del abuelo y los tractores.
