Precioso y duro relato..!!
En un puerto de Malasia me encontré una vez a un navegante con síndrome de Diógenes que vivía allí en su barco amarrado a un pantalán, el barco estaba lleno de basura, la cubierta llena de trastos y se veía que nadie había transitado por ella desde hacía años, había plantitas creciendo en las amarras...
Soledad y circunstancias duras pueden hacer estragos..
Que se recupere el prota de este relato!!
Y me gusta la manera en que se cuenta y una frase del autor: pocos cabos, poco marinero..
