Con éste, será el segundo verano que tengo de puerto base Sant Feliu de Guíxols.
Aparco siempre sin pagar, a unos cinco minutos a pie del pantalán. En los peores días del verano, cuando coinciden la Fiesta Mayor con el típico megafestival musical veraniego, igual me cuesta un poco más aparcar, pero como mucho ando un par de minutos más. La playa nunca está abarrotada, siempre encuentras un rincón para refrescarte. Pero a partir del 15 de julio la cosa se va masificando.
El fondeo en las calas entre Sant Feliu y Tossa es complicado a partir de media mañana. El tráfico náutico en la zona entre la punta de Garbí y Sant Pol es exagerado. Mi esquife de 4 metros a vela se las ve y se las desea para negociar el oleaje mecánico que generan las multitudes enardecidas con sus motoras. Al final, he acabado por adaptar mis horarios a las escasas horas de calma humana en el mar.
El sábado pasado, por ejemplo, salíamos de puerto pasadas las 9. Bajada sin viento, a motor y pegados a las piedras hasta cala Giverola haciendo fotos. Allí apareció una tímida brisa. Regreso a Sant Feliu a vela, abriéndome una milla y media. Nadie. Tranquilidad total. Parece que el tráfico agresivo se concentra en los primeros 200 metros de mar.
En la bocana, pasadas las 12:30, todo cambió. Yo entraba a un través abierto a toda leche; me crucé con un magnífico Dragón que salía a toda vela, a un descuartelar. Nos saludamos y después ya se complicó todo. 5 motoras saliendo y poniendo gas a tope justo debajo de la verde. 7 motoras más entrando a saco porque llegaban tarde a la paella.... Algún llaüt despistado esquivando como podía los vela ligera y windsurf de la escuela de vela...
En medio de todo esto, un ciudadano (por decir algo) en una Zodiac no muy grande arrastrando un donut con dos niños pequeños, cruzando la bocana a lo ancho repetidas veces....
Bajé velas en medio del caos, amarré y de momento me alejaré de la náutica un par de findes.
