Este es el país de la impunidad. Los legisladores aprueban las normas, pero luego los gobernantes las van desvirtuando mediante reglamentos, y los funcionarios más al controlar su cumplimiento. Luego para el extraño caso de que se actúe contra un incumplidor, los jueces vuelven a desvirtuar lo que el legislador decidió, porque hay que ir de 'guay', que es lo que se lleva, y después de una dictadura no está bien visto obligar a nadie a cumplir la ley, además a veces es costoso, y en época de crisis hay que ahorrar gastos.
En conclusión: el ciudadano cumplidor de la ley se siente tonto, visto que al incumplidor casi nunca le pasa nada, y, si le pasa, es algo menos perjudicial que el beneficio que ha obtenido con el incumplimiento.
¿Cuándo cambiará esta situación? cuando el ciudadano cumplidor se harte, y decida ponerse en huelga como tal, dejando él también de acatar las leyes; porque si está pensando que con su voto lo va a conseguir cambiar algún día, me parece que va desencaminado, al menos hasta ahora no se ha conseguido.
