Cruzando a Ibiza, luna llena, buena visibilidad, nos parece distinguir una sombra en el mar, un poco a proa.
Los que estamos en cubierta los ojos como buhos, y de repente vemos un pequeño destello, la luz de alcance de un velero con velas casi negras. El muy

la tenia medio tapada con algo, unos cabos, o el aro salvavidas. El susto aún lo recuerdo.
Hace apenas unos días, en La Azohía, llegada de noche, pocos barcos fondeados por la previsión de mal tiempo, y
sólo uno con luz de fondeo. Yo en proa indicando a la almiranta dónde descubría barcos sin luces. Aún me hace gracia recordar al que salió con una linterna para iluminar su barco al oir nuestras voces. Pero lo más alucinante es que al rato llegan los dueños del único iluminado, en su auxiliar, desde costa, casi nos confunden y se suben a nuestro barco pensando que era el suyo, y cuando llegan por fin al suyo ¡APAGAN LA LUZ DE FONDEO!

