No sé hasta que punto la edad de un principiante influye necesariamente en su capacitación antes que otras circunstancias, como la frecuente práctica que acaba determinando la experiencia, así como poder navegar al lado de personas que saben lo que llevan entre manos, recibiendo de ellos enseñanzas y consejos que nos acompañarán ya siempre.
Habrá quien se haya montado en un barco desde chico sin otro interés que desplazarse de un lugar a otro y que en varias décadas sea incapaz de leer la dirección del viento en el agua o de trimar una vela, y habrá quien, ya adulto, solo montarse en un barco se habrá interesado hasta el más nimio detalle por hacerlo evolucionar óptimamente. Al poco tiempo ése último será un experto y el primero seguirá siendo un mero pasajero
Quiero pensar que todos los que navegamos hemos llevado a bordo con frecuencia representantes de cada clase de tripulante que describo.
En lo único que sí influye la edad es en que a medida que vas poniendo años y perdiendo agilidad y equilibrio, la vela ligera queda prácticamente vetada como experiencia, cuando creo que es el mejor laboratorio de prácicas para vivir y captar, con toda su intensidad e inmediatez, las reacciones del barco al menor ajuste, algo que queda muy mitigado en un crucero, todavía perceptible si quien lo lleva ha pasado por la experiencia de la vela ligera, o simplemente imperceptible, por ignorado, si no has pasado por la experiencia.
Por otra parte llevar las posaderas a ras de agua, meterte el barco por sombrero cuando toca, levantarlo y seguir navegando, ayuda también a desmitificar supuestas castañas y malos tragos desde un crucero y a disipar miedos inútiles, todo ello con independencia a las mayores o menores aptitudes de cada navegante que, como en todo, los hay muy buenos,buenos, muchos del montón, y algunos que mejor les vendría dedicarse a otros menesteres.
Saludos
