Recién confirmada la
noticia de que la Copa América se disputará con monocascos de 75 pies, me vienen a la mente sentimientos contrastados.
Por un lado, los monocascos se parecen más a los veleros que he manejado toda la vida. Entiendo sus rumbos, sus maniobras y sus estrategias.
En el lado contrario y como dice el refranero, ni los ríos van 'parriba' ni los relojes funcionan hacia atrás. Me sabe mal que hayan aparcado las modernas e impresionantes prestaciones de los catamaranes voladores. Pienso que estábamos a un paso de comprender la grandeza de estos bichos y lo complejo y sofisticado de las maniobras de sus patrones tomando decisiones milimétricas e instantáneas a 25 nudos. ¡Los echaré de menos!