Al través de la Isla Middle, que avistamos por babor, se levanta una ligera brisa del Norte que entra por proa.
Los delfines Overos nos acompañan durante buena parte del trayecto. Entramos en Bahía Nassau.
Las primeras millas siguen siendo placenteras y aunque se trate de una bahía abierta a los cuatro vientos no ofrece ninguna sospecha de lo que ocurrirá a escasas millas de la Isla Sesambre.
Un fuerte viento establecido en los 40 nudos nos sorprende cuando estamos comiendo. Decidimos arribar ligeramente para poder hacer caminar la Trinqueta. La mayor con un rizo, aguanta bien de momento. Las olas apenas llegan a los tres metros, pero son demasiado verticales y la frecuencia entre crestas es demasiado corta. Los rociones empiezan a sucederse.
Acabamos de comer haciendo ejercicios malabares para evitar que los platos corran por la mesa.
Media hora después los pantocazos empiezan a ser incómodos. Enrollamos Trinqueta y nos disponemos a poner el segundo rizo. Con las prisas he creído suficiente salir a cubierta con el pantalón de aguas y un corta vientos. El Mono caza el gratil después de colocar el segundo rizo y a continuación cazo la mayor en crujía hasta reventar. Impactamos por proa contra una ola que llega hasta la bañera colándose buena parte por la pechera de mi pantalón de aguas. Esta condenadamente fría.
Navegamos con la mayor con dos rizos y la apoyamos con el motor Iveco de 140 caballos que equipa el Mago del Sur.
Así seguimos durante varias horas y aunque en principio, gobernábamos desde el Deck salón, las escoras continúas nos obligan a salir a la bañera para tener mayor visibilidad. Nos acercamos a Punta Guanaco, en Isla Navarino y enfilamos el Paso Goree cayendo algunos grados a estribor para sortear Punta Yawl.
Nuestra intención era dormir en Puerto Williams, pero llevamos muchas horas de navegación incómoda. Es mejor entrar en Puerto Toro.
Rebasado el Paso Goree y tras cruzar Bahía Oglander , abordamos el Paso Picton. El viento del Norte ha descendido a 35 nudos. El mar gracias a la protección de Isla Navarino e Isla Picton, se ha calmado y las olas apenas alcanzan el metro y medio de altura, sin embargo estamos cansados y sobre las 18 horas enfilamos la entrada en Puerto Toro.
Puerto Toro es un pequeño asentamiento militar con algunas casas dispuestas en apenas dos caminos de tierra que nacen de una cala de canto rodado en cuya orilla hay una pequeña ermita y algo parecido a un muelle de fondeo semiderruido al cual se le están haciendo urgentes obras de reconstrucción.
Los tablones, donde los hay, están medio podridos, ceden al caminar sobre ellos y están recubiertos de musgo.
Nos dirigimos lentamente hacia él alzando la quilla retráctil del Mago y preparando las defensas. El Capitán sopesa la mejor opción teniendo en cuenta que el viento entra por nuestra popa y debemos amarrar a pocos metros de la playa.
Decide amarar ofreciendo el costado de estribor al muelle y la proa a la costa. Alcanzamos a lazo un pilón oxidado del muelle, libre de tablazón amarrándolo por la aleta de estribor. Orientamos el barco al viento y el Mono salta a tierra para fijar los springs de popa y proa que fijamos como podemos a las traviesas del muelle, aprovechando la bajamar.
El largo de proa resulta más problemático ya que no queda ningún punto fijo donde amarrarse así que aprovechamos la bita utilizada por un velero amarrado al otro costado del muelle y retornamos el cabo al Mago del Sur.
Colocamos las defensas pensando en la subida de la marea y fijamos con una pasteca un través que reenviamos a winche para asegurar el barco al costado del muelle.
El cordero sigue en el bakstay.
