Lo del impacto visual que generan las embarcaciones me ha recordado lo que me pasó hace muchos años por culpa de este tema. Voy a resumirlo.
En mi años veinteañeros practicaba, sobre todo en los meses de verano, la vela ligera en una localidad costera mallorquina, de cuyo nombre me acuerdo perfectamente. El Hobie Cat 16 estaba varado sobre la arena de la playa y compartía la misma junto al señor que explotaba la concesión de sombrillas, hamacas, velomares y pequeñas embarcaciones a motor, además de otros usuarios de la playa.
Con el paso de los años la afición a los catas aumentó y llegamos a ser unos 10 de todo tipo (en invierno ninguno). Para evitar problemas, nos organizamos nosotros mismos y los dejábamos en la parte trasera de la playa, junto al muro colindante con la acera y la calzada, por donde paseaban peatones y vehículos. Justo al lado del muro, a pie de playa y vistas impresionantes se ubicaba una terraza de un conocido restaurante de la zona, siempre repleta de clientes. Los edificios están justo al lado de esa calle, a veinte metros de la playa, una verdadera muralla.
De día prácticamente todos salían a navegar, previo arrastre hasta la playa y salida por el canal balizado del concesionario. Idem a la vuelta. Ninguna pega significativa durante muchos años, ni con usuarios de la playa ni con el concesionario.
Además de los catas, había otras embarcaciones (vela ligera, neumáticas, botes pequeños), algunas sobre la arena y otras sobre las rocas colindantes de la parte más protegida de la playa. Unas pocas parecían abandonadas.
Un buen día de un verano aparecieron una serie de pegatinas sobre todas las embarcaciones de la playa: “si el día tal no se ha retirado este artefacto serán llevados al depósito municipal”.
¿Dónde metemos los catamaranes? Las instalaciones del puerto no tienen espacio en tierra para ninguno de ellos.
Por parte de los usuarios de los catas, se designaron varios interlocutores (yo era uno) y empezamos a solicitar reuniones tanto con Costas como con el ayuntamiento.
En la reunión con Costas hicimos una serie de propuestas referentes tanto a mejor lugar donde tenerlos, mínimo espacio a ocupar,… acompañadas de una serie de conductas y compromisos por nuestra parte. Costas entendió el planteamiento y no puso objeciones. Pero tiró la pelota al ayuntamiento.
En la reunión con el alcalde se nos escuchó y se excusaron diciendo que era un tema de Costas. Que raro no? Le hicimos otra propuesta: utilizar un solar colindante con la playa (utilizado por los usuarios de la playa, tanto como paso como para camping), dispuestos a pagar una cantidad al dueño. Que no, que no era posible.
La última reunión fue con el responsable de turismo y ahí fue cuando nos enteramos del verdadero motivo: los mástiles de los catas difuminan la vista que tienen los clientes de ese restaurante y la influencia del propietario servirá para “limpiar la playa” tanto de botes abandonados como los vela ligera y catas que salen cada día.
Conclusión: retirada y venta de todos los catas debido a que a un señor (él mismo, no los clientes) le tapaban la vista. Todo el entorno de la playa no le molestaba para nada. Que decepción, adiós al cata y a tantos momentos vividos.
El impacto visual de las embarcaciones fondeadas esgrimido ahora me parece otra excusa para disminuir una gran parte de la mismas, en cualquier lugar. No son instalaciones permanentes y a veces una costa a sotavento es un refugio a cualquier hora, que no todas llegan de un lugar cercano. Hay otras cosas que generan impacto visual y son permanentes.
Creo que no han tenido en cuenta la opinión de ninguna asociación de navegantes y nos han metido a todos en el mismo saco.
Si esto se extiende a otra zonas, tenemos un problema con el fondeo libre sobre arena.
¿La masificación va a significar un númerus clausus en todo? Puede, pero en todo caso habría que consensuar medidas con todas las partes implicadas. Y parece que a nosotros nadie nos tiene en cuenta, como siempre.
Habrá que hacer algo.

