No me han remolcado nunca, pero si he dado remolque en más de una ocasión, en una de ellas a unas 14 millas mar adentro. La mayor satisfacción ha sido el pequeño obsequio que me he encontrado en la garita de mi puerto a la semana siguiente sin esperarlo; una vez dos botellas de cava y en otra ¡Una lata gigante de caballa en conserva! Por cierto, en otra, a un velero francés con dos ancianos a bordo a los que acompañé hasta el mismo amarre de Arenys y no me dieron ni las gracias (Quizá por la verguenza que tenían los pobres) En ningún caso se me ha pasado por la cabeza pedir algo a cambio.

Odin