El viento ....
Día 22 de octubre:
Sin posibilidad de utilizar el motor, flotamos frente a las luces de Alicante, a unas 5 millas. Pongo el timón a la vía y amarro la rueda para evitar lo giros de la rueda y los bandazos del timón. Compruebo con sorpresa que el Vendimia avanza muy lentamente en la buena dirección, obediente y noble, separándonos de la costa, como si quisiera seguir la ruta. En las 4 horas que permanecemos al pairo avanzamos 2,5 millas, supongo que con una leve brisa que procede de tierra y/o alguna corriente.
A las 3:00h am empieza a establecerse el viento de tierra, así que despierto a la tripulación. Nuestro plan es navegar a vela hasta Garrucha, aprovechando la nortada que llegará por la mañana consecuencia de la Tramontana del Golfo de León. Aunque el viento no es fuerte sacamos el génova y la mayor ya con el segundo rizo. Arranca con brío a navegar y me bajo a descansar.
Sobre las 5:00 h am noto cómo aumenta la escora y se siente la velocidad del agua pasar por el casco. Asomo a la bañera y veo a Adoni y Antonio a la rueda, disfrutando. Así llegamos a la altura de Torrevieja. Ya vemos el faro de Cabo Palos y la Manga del Mar Menor.
Tenemos que salir de la posición actual, entre la costa y las jaulas de las piscifactorias para tener sotavento despejado cuándo llegue la nortada. Esto de estar sin poder usar el motor es algo a tener en cuenta si te metes entre obstáculos.
Una nube horizontal que avanza presagia el viento y en pocos minutos el mar se llena de blancos borreguitos. El Vendimia empieza a navegar con toda su raza.... 8, 9, 10 y 11,70 nudos vemos en el GPS durante alguna surfeada. Doblamos Cabo Palos y ponemos rumbo a Garrucha. Según los cálculos deberíamos llegar a las 19:00 h.
Pero no iba a ser todo tan perfecto... a la altura de Cartagena empieza a menguar el viento, así que tenemos que sacar el spinnaker. A 8 millas de nuestro destino el viento queda en brisa, pero queda una ola incómoda que bambolea el barco afectando al porte del spinnaker. A 4 millas el viento ya es casi imperceptible. El spinnaker es de tan poco gramaje que aún asi sigue empujando. Avanzamos a 1 o 2 nudos pasando junto a un mercante fondeado. Tenemos la suerte de llegar al Garrucha, pueblo de Antonio, dónde está su familia y el TXO ( Wauquiez Amphitrite 43 ) en el varadero para puesta a punto. Su padre, marino profesional jubilado, patrón de remolcadores, sale a buscarnos a la bocana con su chipionera para llevarnos a un amarre. Son las 23:00 h y estamos cansados. Las ultimas millas han sido agónicas. Tenemos un fallo de coordinación y soltamos la driza del spinnaker antes de terminar de bajar el calcetín, mandándolo al agua. Mientras Adoni y yo intentamos izarlo de nuevo, a base de winche, Antonio lo va recuperando del agua, poniéndose chorreando. Finalmente entramos a puerto a remolque, amarramos y recibimos a bordo al padre de Antonio, que nos saluda cariñosamente.
Tengo, por fin, la sensación de haber llegado. Nos vamos a dormir con la sana intención de desayunar mañana unos churros con chocolate. Esperemos que el mecánico soluciones el problema. La última etapa son sólo 60 millas, que haremos Adoni y yo, pues Antonio se queda ya en Garrucha. En pocos días él empezará otra aventura: llevar el catamarán GOA 6 desde Alicante hasta el Caribe. ( cuando escribo estas lineas navega por Cabo Verde )
Continuará.... ya el último.