
07-02-2008, 09:36
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Corsario
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Registrado: 30-10-2006
Localización: Donde sopla el Vent de Dalt
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Re: Mi primera experiencia V (La llegada)
Cita:
Originalmente publicado por CaptainFran
La primera noche fue muy dura y nuestra inexperiencia nos llevo a realizar mas de una maniobra abrupta. La verdad es que poco se pudo dormir ya que durante las guardia más de una vez tuvimos que subir a cubierta a echar una mano.
El desanimo hacia mella en la tripulación, la mitad había confirmado su regreso en avión (2 de 4). Durante la segunda guardia, un compañero, perdió toda su confianza e incluso llego a comentar la posibilidad de sacar la balsa y llamar a salvamento marítimo. En estos momentos es cuando realmente uno se encuentra consigo mismo.
Después de una noche complicada, el amanecer hizo recuperar un poco el ánimo, ya se veía Ibiza aunque un poco desviados de Tagomago. Así que ha hacer bordos...
Y se izo de noche,... Para colmo, las luces de posición empezaron a fallar. Cerca de un puerto con tan "poco" trafico como el de Ibiza, donde casi no hay ferris, podéis imaginar el “cangelis” al ver pasar un bicho de esos desde tan cerca.
Dentro de nuestra "súper planificación", como ya habéis podido comprobar, no teníamos ni la menor idea de como era el puerto. Solicitamos al puerto un marinero (suerte que uno de los compañeros tenía una radio portátil) para remolcarnos, no teníamos motor ni luces, ni nada de nada. Con unas linternas iluminábamos la mayor con la esperanza de que nos viesen.
El marinero no llegaba y no se veía ninguna embarcación, pequeña, acercarse. De pronto una voz por la proa llamaba a nuestro barco. Cogonudo una neumática negra y sin una triste luz para poder verla, eso sí en la neumática venían dos chicas muy interesantes acompañando al marinero. Nos comunican que nos esperan en la entrada del puerto deportivo y se largan. Cojonudo ¿cuál era la entrada?
Después de mucho buscar encontramos la entrada y la neumática nos remolcó al muelle.
La fiesta de Pachá fue una pasada, bueno debió de serlo porque nosotros no la pisamos. Sólo dos tuvimos suficiente ánimo como para salir a un bar a tomar algo.
Como veréis nuestra aventura fue una experiencia desastrosa, aunque como he dicho en alguna en el mar siempre se aprende.
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Un bonito relato de una bonita experiencia.
Y es que navegar es eso, vivir intensamente la mar con tu barco, tan intensamente que piensas en la posibilidad “disparatada” de saltar a la balsa y llamar a Salvamento Marítimo, que te conste que en alguna ocasión también lo he pensado, a veces te ves tan superado, que el salto a la balsa es como la liberación de tu angustia, como la cesión de tu problema a un tercero que te libere, el paso de la actividad ejecutora a la pasividad receptora, es decir un “me rindo”.
Pues eso que me gustó tu relato, que me hizo recordar algún viejo episodio vivido.

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Cuando el Cierzo llega al mar
se convierte en Vent de Dalt
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