Hola,
Hace mucho tiempo, sería allá por primeros de los setenta, siendo sólo un zagal, recuerdo a un viejo arrantzale ya retirado que pasaba los más de los días paseando por el puerto. Pasaría de los ochenta años y era un antiguo conocido de todas las gentes que frecuentaban aquel entorno.
Los niños solíamos pescar en la punta del espigón del acuarium, en la bocana del puerto mirando hacia la bonita bahía y el viejo arrantzale nos acompañaba, nos daba consejos, nos enseñaba trucos, nudos y a montar distintos tipos de aparejos.
Pasaba tiempo con nosotros y nos contaba historias, historias de grandes viajes, de fabulosas pescas, de temibles tormentas y de los barcos dónde el navegó y en los que gastó su vida. Quizás aquellos niños éramos los únicos que escuchábamos con interés a aquel abuelo y soñábamos con las aventuras que nos relataba.
Tenía el rostro arrugado, plagado de mil surcos, tostado por el sol. Sus manos eran grades, nervudas, llenas de mil cicatrices y quemadas por el frío y la sal. En una de aquellas historias nos habló del mareo de tierra, de una marea de varios meses que hizo en Terranova y del continuo temporal que tuvieron que aguantar casi toda la campaña en la que también perdieron un compañero.
Contaba que al llegar a puerto y echar el pié a tierra todo se movia y era incapaz de aguantar el equilibrio, tanto es así que tuvieron que llevarlo a su casa por ser él incapaz de dar un paso, decía que aquel "mal de tierra" le duró más de una semana y que nunca en toda su vida estuvo ni se encontró tan mal como en aquella ocasión. Sólo le pasó una vez y nunca más le volvió a ocurrir.
Yo he tenido en alguna ocasión ese "mareo" y esa sensación de movimiento en tierra al bajar del barco, pero nada comparado a la historia de aquel viejo pescador, pienso que los que no hemos llegado a ese punto será por no haber navegado lo suficiente.
Perdón por interrumpir el hilo con los viejos recuerdos que acumula mi ya escasa memoria
Feliz día de Reyes y de Magia
Salu2
