Han sido incontables las risas y alegrías debidas a sus viñetas. Las primeras historietas suyas que leí fueron los comiciclos de Caperucita Roja (con perdón) que traía mi padre a casa. Yo no tendría más de diez años. Caperucita era roja - de izquierdas - y se dedicaba a tirar por el bosque los panfletos subversivos que llevaba en su cesta. El lobo era su antagonista y por lo tanto, era azul. No tenía abuela. Tenía abuelo, se llamaba Kung-fu y le hacía llaves al lobo con los pies. Yo no entendía nada de lo que se contaba en esos cómics, pero me fascinaba la gracia de los personajes.
Ese fue mi primer encuentro con Forges. Nunca más dejó de acompañarme.
Descansa maestro,
