La Diosa Fortuna a la que te refieres también me visitó el 26 de Diciembre de 2008.
Aquel año había comprado mi actual barco, usado, justo antes del verano.
Acabada la temporada lo saqué del agua para sustituirle la jarcia fija, parte de la de labor, y hacer un saneado de la obra viva, quitando varias capas de patente, dándole una mano de impermeabilizante époxi para prevenir eventuales patologías por ósmosis, pulido de obra muerta, repaso de arañazos,etc.
La vigilia de Navidad, el dïa 24 a mediodīa tuve que ponerme pesado para que me lo echaran al agüa. Una vez admitido que no lo utilizaría ni el día de Navidad ni el 26, me sugerīan en el varadero que les permitiera aplazar la botadura para el 27.Después de más de un mes en seco no vendría ya de dos días, me esperaban antes para poder retirarlo y tenían prisa por ir a casa.
Conseguí que lo echaran al agua y navegué las cinco millas que separan mi puerto base con el mar plano como un plato.
La misma calma persistió hasta el 26 a mediodīa...
En escasamente tres horas arreció un temporal de levante como raras veces se ha sufrido en la Costa Brava, al punto que la escollera de mi puerto quedarīa un par de meses inutilizada y sin calado para entrar y salir del puerto por los bloques arrastrados y arena desplazada, y los detrozos en playas, barcos, paseos marítimos e incluso edificios fueron catastróficos llegando las olas hasta donde nadie del lugar recordaba en ocasión de otros temporales.
La noche del día 26 los tres barcos que sobre sus cunas estaban depositados al lado de donde habīa estado el mío casi dos meses y hasta un dīa y medio antes cayeron al suelo. El mar arrastró las cunas y puntales y los barcos volcaron.
Teniendo en cuenta que mi barco cala 2,40 mts. y pesa más de diez toneladas, no hace ni falta decir que si cae de aquella altura sobre un costado los daños equivalían a siniestro total sin la menor duda, y todo lo que acababa de gastarme absolutamente perdido en la medida que no incrementaba su valor venal.
Retiré el barco con cargos de conciencia por haber obligado a retrasar a quienes lo botaron el fín de su jornada laboral en un dīa en que a todos nos quedan tantas cosas para resolver.
Cuarenta y ocho horas después se me pasaron los cargos de conciencia y acudí a agradecer efusivamente a tales personas que se plegaran a mis ruegos.
Elos también se felicitaban por haber dado su brazo a torcer.
La Diosa Fortuna estuvo también presente aquel día.
Saludos

