Al barco me acerco prácticamente todos los días (son cinco minutos en bici). Si cuadran la marea, las ganas y el tiempo, pues salgo; si no, faena a bordo o, sencillamente, no hacer nada. Me basta con estar a flote. Llevándolo a las matemáticas, alrededores de 150 veces al año. Antes más, desde luego. Como comentan algunos cofrades, el ansía por salir a toda costa ha madurado. Vamos, que uno se hace mayor.
