Este es un relato aparecido en la revista Voiles i Voiliers (francesa) de éste mes. Para los que entiendan el francés, recomiendo su lectura original.
Lo reproduzco en el foro, traducido al castellano -según mi leal saber y entender-, porque creo que es de interés para todo navegante de recreo.
Se trata de un matrimonio de navegantes “seniors”, (Martine y Gerard), que se disponen a navegar desde Puerto Mahón hasta Port de Bandol en el Mediterràneo francés -que es su puerto base-, después de pasar unas vacaciones navegando por Baleares.
Son marineros experimentados, pués han estado 10 años navegando alrededor del mundo en un velero Passoa 47 que vendieron para poder afincarse en tierra. Pero transcurridos 3 años, el gusanillo de navegar se despierta y deciden comprar un Bavaria 38, de ocasión, pero muy poco utilizado. Zarparon desde Bandol hacia Menorca, a principios de Julio, y tuvieron una travesía pacífica de 36 horas. Después de pasar todo el mes por las islas, a finales de Julio deciden regresar a Bandol. Prosigo el relato en primera persona (Martine).
La previsión meteo anunciaba fuerte viento de N y NE y oleaje, pero somos marineros experimentados.... la travesía es de solo 200 millas, y tenemos una cita con nuestra hija en tierra.
Somos conscientes de que la segunda parte del cruce será un poco “deportiva”, con vientos de 35-40 nudos en la nariz, pero estamos acostumbrados a eso.
Las primeras 24 horas no hay preocupación, el mar no esta formado. Pero después de las primeras 100 millas, el viento y la mar aumentan considerablemente. Enrollamos el Genova, e izamos tormentin, y además tomamos 2 rizos en la mayor para evitar el uso del genova enrollado. Mantenemos un poco de motor como apoyo.
Unas horas más tarde, el giratorio de la driza del tormentin se suelta, quedando arriba del palo, y soltando el tormentin, por lo que nos quedamos sin vela de proa. Para continuar con las averias, el lazy-jack de la vela mayor se descompone y las fundas forman una gran bolsa que bate violentamente. Logramos trincar todo alrededor de la botavara y reaundamos la marcha con un poco de génova y siempre con un poco de motor.
Cuando cae la noche, la marcha es buena, 4-5 nudos y solo quedan 50 millas hasta Bandol. Pero esta vez, es la driza del enrollador de genova la que rompe y toda la vela queda desenrollada y con un viento de 30 nudos y olas de 4-5 metros, no se puede arriar la vela.
Yo estoy al timón comprobando en todo momento que mi marido está en la proa intentando arriar la vela, debidamente atado con su arnés a la linea de vida. Mi marido, tiene 77 años.
Finalmente consigue arriar el génova, pero debido a los gualdrapeos que hace la vela, se mete debajo del casco y los puños de escota y las escotas también por lo que no puede traerlo de nuevo a bordo. Es medianoche, apagamos el motor y decidimos continuar a la deriva aún arrastrando el génova. Mañana, con luz intentaremos recogerlo.
A las 06:00 el génova está completamente debajo del casco. Arrancamos el motor para intentar dar atrás, y se engancha una escota en la hélice. El oleaje no permite bucear y los paquetes de olas empiezan a inundar la cabina del Bavaria, que aunque está cerrado con sus cuarteles batientes de madera, éstos no son herméticos, igual que la escotilla superior. La mesa de cartas está mojada, y la electrónica deja de funcionar. Afortunadamente, tengo el móvil, tiene la app Navionics y puedo consultar la posición.,
Mi marido sugiere activar la radiobaliza, pero no lo hacemos pues nos parece muy complicado un rescate con el temporal en curso. A fin de cuentas, el barco flota, tenemos agua y provisiones. A estas horas, si todo hubiese ido bien, ya estaríamos llegando a Bandol, pero no hay que lamentarse.
El barco está aguantando bien el temporal, flota y la deriva es hacia el Este, hacia Córcega. Diariamente esa deriva es de unas 50-60 millas, por lo que tardaremos 3 dias en acercarnos a la isla.
El viento continua establecido entre los 35 y 40 nudos y el oleaje de 4-5 o más metros.
Finalmente, la electrónica se pone en funcionamiento, el radar y el ploter funcionan, pero la VHF tiene poco alcance y no disponmos de un teléfono satelitario. Por ello, el 26 de julio a las 06:00, a unas 70 millas de Ajaccio, decidimos activar la radiobaliza.
Unas horas más tarde, un helicóptero de la Armada francesa vuela sobre nosotros. Contacta por VHF y pregúnta cual es el problema. Le informamos de nuestra situación. El piloto del helicóptero, sabiendo que los tripulantes nos encontramos bien, aunque a la deriva,nos dice que tiene que repostar, que vuelve a su base de Ventiseri Solenzara, pero que enviará otro aparato. Efectivamente, horas después aparece otro helicóptero, que vuelve a preguntar la situación del barco. Desde el barco les decimos que estamos bien y que esperamos acercarnos más a Ajaccio para que desde alli nos puedan remolcar. Pero el piloto del helicóptero nos dice que tienen otro plan, enviarán 2 buceadores para intentar destascar la hélice. Con este mar (todavía hay cuatro metros de ola) me parece peligroso, pero él me asegura que no hay problema.
Vemos luego que bajan los dos buceadores. Se aseguran de que hemos apagado el motor y en menos de diez minutos, se sumergen bajo el bote, cortan las escotas del Génova, que en realidad están retorcidas en la hélice, entonces se van y nosotros hacemos una señal de que está todo bien, Lo hacemos comunicándoselo por signos porque entre el viento y el aliento del helicóptero, no nos podemos comunicar bien. Nos piden que reiniciemos el motor. Lo pongo en marcha y todo está bien: "¡Funciona!".
Podemos regresar OK PERO K.-O.
A lo largo del curso restante, La Marina Nacional sigue nuestro progreso y contácta regularmente por VHF para tomar nuestra posición. Hice un primer waypoint en la entrada de la bahía de Ajaccio y creemos que llegaremos alrededor de 22 horas. Estoy abrumada por la fatiga y el mareo, y es mi esposo quien timonea durante las últimas diez horas. Le relevo solo media hora para aliviarlo .
Cuando estamos a unas veinte millas de la costa, el CROSS Med Corse toma el relevo. Estoy preocupada por una pregunta práctica: "Estamos a fines de julio. Yo quiero llegar a un puerto pero nunca tendremos espacio. ¿Crees que será factible?. Nos responden: "No te preocupes, nos ocupamos de eso ". Y de hecho, nos reservan un lugar en el puerto deportivo Tino Rossi.
Llegamos al puerto a la medianoche. La capitanía nos ha concedido un lugar pero está entre pontones y en el medio de la noche, con este viento y especialmente en el estado de fatiga que estoy, no me veo maniobrando sin ayuda. Por fin vi un lugar de fácil acceso, y estamos amarrados.
Al día siguiente, después de un sueño reparador, comenzamos a limpiar el barco, plegamos la vela mayor.. Por supuesto, debemos considerar la repatriación de nuestro velero, pero le digo a mi marido: "Me gusta el barco, pero empiezo a cansarme un poco ".
Al final, el barco volvió con mi hijo. Silencio ...fue un día loco! ■
COMENTARIOS DEL EDITOR DE LA REVISTA:
Esta historia es ejemplar en más de un sentido. En primer lugar, la actitud de estos dos navegantes, enfrentados con muy mal clima y una serie de daños, impone respeto porque hicieron todo para tratar de salir de esta situación por sus propios medios y retrasar en la medida de lo posible el desencadenado de una llamada de ayuda. Recuerda eso que la tripulación no está en peligro grave e inminente, la emisión de un "Mayday" y la activación de la baliza de socorro debe evitarse tanto como sea posible, para no movilizar el rescate - humano y financiero - innecesariamente. Lo que también se debe tener en cuenta es que. cuando los rescatadores llegan, ellos son los que "toman el mando” en las decisiones de la tripulación, y que si consideran que deberías estar a salvo del peligro, no tienes otra opción que cumplir.
Martine y Gérard prefirieron la incomodidad de un barco a la deriva, arrojado al mar, en la posición de náufrago, y porque ¿que valen tres días va a la deriva en mal tiempo frente a la posibilidad de abandonar su barco?
Dicho eso, si la pareja hubiera podido contactar al CROSS para informarle de su situación, podría haberse beneficiado del apoyo de estos profesionales sin movilizar toda la cadena de rescate. El alcance de la VHF está limitado a unas treinta millas máximo, su eficiencia depende por lo tanto, de la presencia de otro barco en las inmediaciones que pueda pasar su mensaje. El teléfono satelitario por otro lado, resulta una excelente manera de asegurar el contacto con la tierra en caso de preocupación al navegar. Si ellos lo hubieran equipado, la pareja podría haber tranquilizado a su familia y organizar un remolque a la llegada.
La intervención de los buzos de la marina nacional es espectacular, tanto para la maniobra submarina, dedicada a liberar la hélice de sus obstáculos en condiciones desfavorables del mar y del viento, como su decisión de dejar a la tripulación del barco para llegar al puerto por su cuenta, y mientras mantenerse en contacto por VHF hasta su llegada.
Esta forma de operar muestra que los rescatadores también están sensibilizados a la consideración de experiencia y estado físico y psicológico de la tripulación, y pueden dejarlos -cuando eso es posible- a su autonomía, lo que nos parece va en la dirección correcta.
Sin embargo, este contratiempo también recuerda que esa experiencia no debe llevarnos a asumir grandes riesgos. Aunque estemos acostumbrados a navegar en condiciones difíciles, no debes olvidar que en el mar, la seguridad depende tanto de las habilidades de la tripulación como de la robustez del barco, su equipamiento y mantenimiento. Si ambos navegantes tenían la sensación – bien legítima-, que podrían realizar este cruce, que solo la segunda parte estaría ventosa, tienen
tal vez sobreestimado el nivel de preparación de su monocasco, que no les era 100% familiar.
Por último pero no menos importante todavía: - forzar el destino y las previsiones meteorológicas para honrar una cita nunca es un buen cálculo. El mar, no tiene que organizar las citas …
Delphine Fleury
A mi me parece un relato entrañable por lo auténtico. Y sobre todo porqué acabó


bien, aunque llegaron tarde a su cita.