¡Qué susto!. Hoy saqué el barco a carenar. Aunque las referencias de la eslinga por la regala estaban bien, resulta que la de proa había pasado por detrás de la orza y luego con el peso del barco se había desplazado hacia delante a la altura de la regala, pareciendo que estaba bien. En realidad estaba pasada casi por la mitad de la eslora. Un movimiento brusco y el pobre Corto Maltés se habría ido al suelo por el morro. No nos dimos cuenta hasta estar fuera del agua, porque yo, desde dentro del barco, no veía la eslinga y el marinero no se dió cuenta. Le llevamos a paso de hormiguita a su cuna y por suerte mantuvo el equilibrio y no se cayó.
15 minutos de infarto hasta verle en la cuna, y temiendo que Murphy estaba intentando embarcarse también este verano con nosotros.