Me ha pasado en Teulera, Menorca. Toda la noche haciendo guardia por uno que largó muchos metros, y eso que llegó con la cala bastante llena y es de sentido común que por el poco calado y escaso el espacio, no hace falta filar tropecientos metros de cadena. Le dijimos lo que veíamos y pasó olímpicamente de nosotros y de otros tantos de los que estaba relativamente cerca. Era de aquellos pesaos que pasan de todo y se van a cenar a tierra, aunque haya 25 o 30 nudos, y los de su alrededor, al tanto de su barco y sufriendo.

Este barco se pasó toda la noche "navegando", porque hacía un bordo hasta llegar al tope de la cadena, viraba y vuelta a empezar.
No pudimos cambiar de lugar porque estaba todo repleto, ya había subido el viento, un Mistral bastante fresco y estábamos bastante bien fondeados, preparados para aguantar el viento racheado que soplaba.
Y es que ya nos habíamos cambiado una vez

porque uno que llegó después de nosotros a fondear, al bornear, nos quedaba muy pegado. Viendo como fondeaban, nos dio la sensación de que no tenían mucha práctica y era un barco más grande que el nuestro, así que nos mudamos pero luego llegó el que ya os he explicado al principio.
En fin, la noche del loro.

