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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: El Bahia las Islas por la ruta de los vikingos

Siempre había tenido a Camaret como un magnífico puerto de tránsito por el Finisterre francés, pero esta vez me ha desilusionado, veníamos secos de gasoil con la miserable travesía cantábrica y nos encontramos que la gasolinera portuaria solo está abierta Julio y Agosto, además nos las hemos visto y deseado para encontrar un hueco decente donde amarrar, resulta que todos los barcos están abarloados a los pantalanes, encajono al Bahía las islas en uno de los pocos huecos libres y quien venga atrás que arree, como han sucedido a un par de veleros que llegaron más tarde, teniendo que abarloarse a otros barcos.

Lo de la gasolinera nos ha trastocado un poco los planes ya que hay que recalar en Brest para repostar, pensábamos no tener que movernos de Camaret con la jornada de perros anunciada para el día siguiente, pero no queda más remedio que aprovechar el parón del mal tiempo para cargar los tanques.

En Brest hemos tenido la primera anécdota simpática de la navegación; tras repostar he decidido quedarnos fondeados a la salida del puerto deportivo y militar, ya que ambos comparten dársena, en un bajo dentro de las boyas delimitadoras del canal de entrada al otro puerto, el comercial, un buen lugar y protegido para largar el hierro cuando el viento sopla del norte.
Pues bien, al día siguiente hemos previsto la salida a media mañana, por aquello de que nos coincidan las corrientes favorables en la garganta de Brest y en el paso de Le Four. Como cada vez que partimos realizamos las maniobras pertinentes y como no tenemos prisa salimos a vela del fondeadero, teniendo que pasar por la bocana del puerto militar, la brisa es de apenas tres nudos y avanzamos despacito, en esto se nos acerca un helicóptero militar, se sitúa a una cincuentena de metros a nuestra popa y vemos con extrañeza al piloto gesticular con el brazo, Luis, siempre sacando la gracia a cada situación me dice que nos quiere dar un empujoncito con el chorro de la hélice, lo cual ya notamos. En esto se nos acerca una patrulla de la gendarmería a toda velocidad y nos indica que abandonemos la zona inmediatamente, no me hago esperar, indico a Luis que afloje escota de foque y como la mordaza esta junto a la de driza de mayor, se confunde y echa la mayor abajo, en medio del caos reinante le doy al motor porque vemos por babor una serie de embarcaciones militares que se acercan y entre ellas un negro e imponente submarino nuclear, que se dispone a entrar en el puerto, vaya con que era eso, tocar las narices a los gabachos con sus juguetitos guerreros.

En medio de bromas abandonamos Brest rumbo a un puertecillo que conocí de anteriores navegaciones por la zona, distante a cuarenta millas, suficiente singladura para llegar con la corriente favorable antes del atardecer.
Aber Wrac'h es una marina tres millas en el interior de una estrecha ría bien señalizada, situada junto a dos de los más espectaculares faros bretones, el de Le Four, ampliamente difundido en postales turísticas de impresionantes olas pasándole por encima y el de la Vierge. Dudo si fondear o amarrar, al final opto por lo segundo ya que desde aquí en adelante, hasta llegar a Cherburgo solo vamos a fondear. Una ducha, un paseo con Rufino y una cañita de la excelente cerveza bretona antes de acostarnos pronto que la etapa de mañana va a ser larga.

La meteorología es excelente, si bien el anticiclón imperante todos estos días, nos deja bastante escasos de viento y hemos de utilizar el motor, aunque con la mar en calma es otro cantar en comodidad y consumo de gasoil, comparado con el infausto día de la llegada a Francia.
Setenta y cinco millas hasta el lugar de recalada elegido, la ría de Loguivy, la más norteñas de las rías bretonas, en el turístico condado de Paimpol. Costeamos toda la vertiente bretona del canal de la Mancha, salvo a primeras horas de la mañana el día es soleado y con poco viento, navegamos casi todo el tiempo a motor, apoyados por la velas, las primeras horas hacemos velocidades por encima de los siete nudos, empujados por la corriente favorable de dos nudos, pero que se vuelve en contra las siguientes seis horas, aunque no nos importa porque al final de la travesía de doce horas, se compensa y conseguimos mantener la velocidad media en torno los seis nudos.

Penetramos en la ría de Loguivy rodeada de peñascos por todas partes, preparamos el fondeo cercano a su puertecillo de pescadores, uno, dos, tres... hasta cinco intentos y el ancla no agarra, los fondos son pura roca, mal andamos, sopeso una rápida alternativa antes que se haga de noche y al otro lado del puerto he visto un velerito, allá vamos, está en un pequeño campo de boyas, nos agarramos a una, se la nota sólida y poco usada por las algas que tienen las gazas, así que ahí nos quedamos, no creo que esta noche venga nadie a echarnos y al día siguiente ya veremos.

El lugar es un remanso de paz y tranquilidad, nadie nos ha dicho nada, así que ahí nos quedamos a pasar los próximos tres días, a la espera de recoger a Fermín en Cherburgo, el fin de semana la ría se llena de veleritos y embarcaciones deportivas de todas clases, salimos todos los días a dar una vuelta por el pueblo, para que Rufino haga amistades con los canes de la zona y nosotros a seguir deleitándonos con las cervecitas bretonas, disfrutando de días soleados.

Dejamos Bretaña de mañana, sin madrugar demasiado, pero con el anunciado cambio en la meteorología, la niebla tiñe de gris los amenazantes arrecifes que jalonan los márgenes de la ría, izamos velas y salimos por el brazo del nordeste, tenemos una singladura de cuarenta y seis millas hasta la isla inglesa de Guernsey, de momento navegamos rápidos de través, con un cómodo viento de en torno a los doce nudos, aunque al salir a mar abierto refresca y metemos un rizo. El noruego está aprovechando bien su máster en navegación de altura, ya reduce trapo él solo, como si lo hiciera yo mismo.

Con la isla de Guernsey ya a la vista baja el viento y empieza a lucir tímidamente el sol. Alcanzamos Saint Peter a la hora prevista de las tres de la tarde, fondeamos en la protegida bahía de Havelet Bay, al sur del puerto comercial, junto a otros veleros, comemos, sesteamos y como la tarde ha vuelto a ponerse un poco desapacible, no nos quedan ganas de desembarcar, dedico el tiempo en algunos quehaceres del barco y a planificar muy bien la ruta del día siguiente, por el paso del Raz de Blanchard, el cabo de Normandía, cercano a Cherburgo, donde la corrientes de marea son las más violentas del todo el canal de la Mancha, pero por fortuna en estos días de luna en cuarto menguante las mareas son muertas, con lo que la corriente también es de baja intensidad, de todos modos se situará en torno a los tres nudos y como hemos de pasarla a favor he situado unos waypoints horarios que nos sitúen en el cabo durante el momento exacto de máxima corriente favorable, a treinta millas de Saint Peter.

Tal como había previsto, abandonamos el fondeadero a las 10 horas, durante el primer tercio de la travesía sé que tenemos la corriente de marea en contra, pero ayudados por el motor vamos cumpliendo el horario con precisión suiza y poco a poco los dígitos del GPS van aumentando. No somos los únicos que vamos a pasar el Raz en el momento adecuado, en nuestro entorno, unos a la vista y otros en el AIS, no menos de siete veleros navegamos en demanda del cabo.

El día está soleado, una brisa de diez nudos nos lleva con comodidad, disfrutamos de la tranquilidad del mar y de llevar los deberes bien hechos, tras el parón de tres días en la ría de Loguivy. El paso por el Raz de Blanchard a la hora prevista, con la corriente favorable de dos nudos y medio, el GPS dice que vamos a nueve, las aguas apenas están rizadas, aunque se ven, de vez en cuando algunas turbulencias en la superficie que, en algunos casos, atravesamos sin inmutarnos. La brisa, incomprensiblemente, en el cabo ha bajado de intensidad, con lo que hemos de ayudarnos del motor unas millas y tras 45 recorridas en algo más de seis horas, amarramos en el el Port Chantereyne de Cherbourgo, aquí esperaremos a que al día siguiente llegue Fermín e iniciemos la tercera etapa con el cruce del mar del Norte hasta el mar Báltico.

Salud


Faro de Le Four


Rufino, siempre aprovechando cualquier rayo de sol


Una cervecita en Aber Wrac'h

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navegación relajada para la tripulación


Ria de Lovguivy - Paimpol


Loguivy, uno de esos pueblecitos bretones con arraigambre pesquera

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Dejamos Bretaña una fría mañana


El mapa de nuestra derrota
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