En cierta ocasión me interesé por la posible compra de un velero de un astillero francés y serie bien conocida.
El vendedor lo había comprado fuera y había navegado con él sin el menor problema durante varios años por diversos países y con pabellón del país de origen.
Al decidir venderlo se lo trajo a España, en primer lugar pensando que por proximidad, si intervenía personalmente en la venta sacaría un mejor precio, y en segundo lugar porque pensaba también que en nuestro país se cotizaba mejor aquel modelo que en otros países.
Los trámites que hubo de superar hasta tener el barco matriculado en España y lo que le supuso de coste le tenían amargado.
Pese a tratarse de un modelo de serie le exigieron que un Ingeniero naval expidiera no se cuantos planos y certificados para homologarlo.
I mientras duraban aquellos trámites el permiso de navegación brillaba por su ausencia.
Sobre un precio tan pequeño, si empiezas a contar tener que pasar por similares trámites, el coste de una primera puesta a punto, el de su traslado, desplazamientos personales... etc, la incidencia del encarecimiento porcentual sobre aquel precio hacen pensar que efectivamente el collar puede costar mucho más que el perro, a lo que deberás añadir la incertidumbre de si tiene o no vicios.
Lo veo complicado,
Suerte
