Una historia de tripusol
Años ha que no recalo es esta taberna por haber estado perdido por mares interiores. Ruego al tabernero tenga a bien servir una ronda general a tan distinguida clientela y permítaseme narrar una historia reciente mientras apago mi sed. Glup, glup broaaahhh.
Y venga ahora mi historia: Imagínense vuecencias, que en cierta ocasión fueron contratados mis servicios para pasear
y nunca mejor dicho, pues navegar no paréceme verbo a usar en tal situación, digo pues, para pasear a unos llamados guiris
por las bravas costas de las ínsulas baleares. Constaba el pasaje de un matrimonio con su hija. A la tal hija acompañaba
su futuro marido. Novio dícese ahora. Como quiera que durante los primeros días no soplara viento ni brisa alguna,
hubimos de impulsar la nao con esas ruidosas invenciones modernas que llaman motor. Protestaba el armador por no poder
envergar trapo alguno y hube de explicarle, que si Eolo no tenia a bien hacer su trabajo, la nave no habría de navegar.
Resignose el señor armador. Quiso al fin, al tercer día entablarse cierta ventolina y mariné la nao a vela,
con gran regocijo por parte del señor armador. Pero he te aquí, que hallábase tumbada en proa, junto al su novio,
la mencionada hija del armador, tratando de broncear su cuerpo serrano, al tiempo que pintábase las uñas.
Por mor del rumbo de la nao, la mencionada mujer hallose de repente a la sombra del foque, privada del sol.
Alzo protesta de mar frente a lo que consideró una ofensa y mando al su novio a que reclamase.
Hízolo el buen mozo ante el armador, que encojíendose de hombros ante mi, rogome abatido, que arriara trapo.
Fueran mas importantes las uñas de su primogénita que el andar de la nao.
|