Ya que mi compañero de guardia se ha manifestado

, coincido con Butxeta que esas largas planeadas fueron para recordar y en excelente compañía.
Entre el dia que alquilamos un Sun Fish con mi padre y ahora (desde entonces he dado cuarenta y cuatro vueltas al Sol), ha transcurrido todo un mundo de momentos inolvidables.
Irme en bici durante tantos años a ver los temporales de la costa, en invierno, observando ese mar tan espectacular e imaginándome allí en medio. Estar tumbado encima de un nido de ametralladoras con los ojos cerrados mientras escucho el mar y siento la caricia del viento. Estar fondeado en una cala cualquiera, por la noche, y ser incapaz de irme a dormir disfrutando del espectáculo y pensando en como alargar esa sensación tan placentera que me llena tanto. Ir a Cabrera en 470, solo, tantas veces. Ver el mar, sentirlo y disfrutarlo siempre que podía.
Pensar muchos años después todo lo anterior y mucho más la última noche antes de llegar a Mallorca (después de dar la vuelta al planeta azul el barco y yo). Solo en Cabrera, sin bajar a tierra, sin que nadie supiera donde estaba, saboreando lo conseguido y los antecedentes. Solo con mis pensamientos, un condensado de sensaciones, una mezcla indescriptible de placer y felicidad, el éxtasis.
Sigo buscando esas sensaciones y mantengo la curiosidad por lo que hay detrás del horizonte.

