Discusión: primeras líneas
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Predeterminado Re: primeras líneas

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Originalmente publicado por Pititis Ver mensaje
Puedes poner alguna foto de ese barco del proyecto de fin de carrera?

Gracias

Unas rondas

Enviado desde mi SM-J510FN mediante Tapatalk
Y si quieres leer una opinión externa sobre el navegante y el barco tienes lo que escribía Cocua Ripoll en su libro "Un paseo por el mundo". Leyendo esto conocí a Santiago, o Tiago como creo que prefiere que le llamen, a.k.a. Caribdis

Cita:
El viento había cambiado y en el fondeadero se estaba incómodo; además, tenía demasiados vecinos. Quería recuperarme en un sitio tranquilo, así que como pude levanté las tres anclas y me marché a otra ensenada no muy alejada pero totalmente vacía de barcos.

Ya empezaba a aburrirme de tanta tranquilidad cuando una mañana llegó un velero. No lejos de mí arrió las velas y dejó caer su ancla, al parecer se trataba de un solitario. El barco era pequeño y al mirar por los prismáticos vi... “¡No puede ser! –exclamé-. ¡Lleva bandera española!”. Me zambullí en el agua y nadé hasta el barco de mi nuevo vecino.

La matrícula era de Vigo y el velero se llamaba SIN RAZÓN. No había nadie en cubierta así que llamé en español. Del interior salió un tipo grande, con el pelo cortado al cero. Nada más verme dijo:

-Hola, me llamo Santiago, soy gallego. ¿Tú quién eres?
Nos pasamos el día charlando. Evidentemente Santiago es un navegante clásico en total extinción. Me mostró su barco, construido por él mismo y a su medida, fabricado en fibra de vidrio; bastante sencillo, incluso diría que demasiado.

- Oye Santiago, ¿dónde está el motor? –pregunté.
- ¡Ah!, no llevo. Los veleros han de navegar a vela –contestó.
- Pero el motor es necesario para entrar y salir del puerto, cargar baterías... –objeté.
- No, no lo necesito –argumentaba el navegante-. Mi barco maniobra bien a vela.
- ¿Baterías?
- No, no llevo.
- ¿No llevas baterías? –exclamé asombrado-. Pero bueno, chico; la electricidad es necesaria, aunque sea para luces, radio, GPS...
- Tampoco tengo de eso, -respondió- llevo candiles y un sextante.

No podía creerlo y sin embargo así era. Allí estaba el candil y un poco más allá el sextante; un fogón, unas cacerolas, algunos libros y pocas cosas más.

- Pero... ¿Qué tipo de navegación haces? Porque en estas condiciones... –quise saber.
- Salí de Galicia en 1994 rumbo Sur –comenzó a relatar Santiago-. Llegué a Canarias y allí decidí dar la vuelta a África, haciéndolo en cuatro años, no sin problemas; unos sin importancia, otros...
- ¡Ya me acuerdo de ti! –interrumpí-. Yo también salí de Canarias en enero de 1995 rumbo a Brasil. Tuviste problemas en un puerto de Guinea y acabaste en el talego. Estabas de moda en la Rueda de los Navegantes, nadie sabía nada de ti, tu familia estaba muy preocupada, contactó con Rafael del Castillo y él te localizó a través de unos radioaficionados. ¿Qué fue lo que te pasó?
- Bueno, yo nunca llevé radio, por lo que no podía dar muchas señales de vida; tampoco llevaba bote para bajar a tierra y al llegar a un fondeadero de Guinea, ya de noche, se me ocurrió ponerme el traje de neopreno y nadar hasta la costa; necesitaba algo de fruta y verdura. Resultó que era zona militar y al verme vestido de negro los soldados de guardia pensaron que era un espía y empezaron a perseguirme. Al atraparme casi me rompieron un brazo y acabé en un calabozo. Allí estuve durante unos días hasta que se aclaró el malentendido y me sacaron de la cárcel, me devolvieron el barco, que estaba confiscado y al final todos nos hicimos muy amigos.
- ¿Y la Rueda de los Navegantes? –le pregunté.
- No sé -respondió Santiago-, pero imagino que algo tendría que ver en todo aquello.
- Y después de aquella experiencia, ¿seguiste costeando África? –seguí preguntando.
- Mira, África es así; o te tiene como un hermano o te tiene como un enemigo, no hay término medio. Pero es increíble; sus gentes, sus paisajes, su fauna, los atardeceres, los olores, su ritmo... No es fácil dejar África cuando estás allí.

Durante un buen rato me estuvo relatando las peripecias de su viaje por las costas africanas. Santiago dobló el cabo de Buena Esperanza, remontó la costa índica pasando por Mozambique,Tanzania, Kenia, Somalia, hasta llegar a Eritrea ya en el mar Rojo. Pero al ver que África se le acababa dio media vuelta y puso rumbo hacia la península arábiga. Pasó por Maldivas, la India, para terminar en las costas de Tailandia y Malasia.

“Desde hace unos años trabajo en España como diseñador naval y las vacaciones las paso por aquí, donde tengo mi barco –relataba-. Esto es mucho más bonito y barato que la costa del Cantábrico o Mediterráneo.”

Santiago, sobre todo, es un gran navegante, con muchos más conocimientos que todos los demás, donde me incluyo. No tiene GPS, pero no por falta de dinero, pues para su trabajo utiliza potentes ordenadores y siempre lleva consigo una complicada cámara digital... simplemente comenta:

“Si con darle a una tecla sé dónde estoy... entonces me aburro.”
Durante unos días acompañé a Santiago en sus paseos y compras por la zona, luego llegó su novia y el SIN RAZÓN continuó su crucero por las islas tailandesas.

Unos días después comentaba el caso de Santiago a un amigo italiano, a bordo de su hermosa goleta de dieciocho metros, donde navega en compañía de su mujer y su hijo de corta edad. Él exclamaba:
“¡Eso es navegar, nosotros somos los que estamos equivocados! Mira yo: uno de mis generadores está dando problemas, tengo que cambiar el desalinizador porque la lavadora demanda más agua de la que puede dar, el hidráulico del segundo enrollador tiene una pérdida de aceite, el motor principal tiene fallos en la inyección, el ordenador no va... ¡Esto es sólo sufrir, no navegar!”

Quedan muy pocos como Santiago, sacándole todo el placer a esta vida de vagabundo del mar al más puro estilo Julio Villar. Yo no sería capaz. Sólo puedo decir:¡Santiago; TO-RE-RO!"
http://cocuaexpediciones.es/?page_id=314

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