Por aqui también tenemos de esos campeones.
Si llegan en hacerse daño, llorarán por ellos.
Mientras tanto, conducen sin fé ni ley.
Le advertí a un Fitipaldi de esos, en mi puerto esta semana pasada, qué si volvía
a rozar el casco a toda leche, sería bajo su entera responsabilidad.
Un saludo.