A mí, una motora que se acercaba por estribor, me cruzó pegado a la proa y abroncándome con fuertes gritos por no haberme apartado.
Cuando, también a gritos, repuse que yo navegaba a vela (ceñía amurado a estribor), la respuesta me dejó fuera de combate:
"¡¿Y eso qué tiene que ver!?"

