Re: Cuál ha sido tu MOMENTO?
Vivir y viajar en el barco ha sido la mejor decisión que tome en mi vida porque desde hace seis años cada momento "magico" supera al anterior. Pero ya que lo preguntas aqui va uno. A comerse el rollo:
De Atheras a Asos
Un fondeo tranquilo algo alejado de la playa y con cabo a tierra precedió a la clásicas zambullida para revisar el arraigo del ancla. La tarde caía en la cala de Athera donde compartíamos el fondeadero con ocho embarcaciones y sus tripulaciones. La zona estaba rodeado de bosques y al final de la bahía se apreciaba una posada de madera con un gran pórtico. Bajamos a tierra en el chinchorro y alcanzamos la playa para curiosear en el entorno. Cuando regresamos al Ellebore la tarde ya se había extinguido. La noche apareció en calma con un cielo estrellado que se reflejaba sobre una mar plana. Me quede en proa sobre la cubierta disfrutando de esa noche tranquila y tocando la armónica hasta la madrugada. Por la mañana muy temprano salí de la cabina, el sol todavía no asomaba. En el resto de los barcos no se apreciaban movimientos, seguramente sus tripulantes aún estarían durmiendo. Desperté a mi hermano Jacob para que me acompañase a desayunar en la posada de la costa. Al desembarcar vimos que aun estaba cerrada y decidimos ir a caminar por la zona. Un sendero de grava serpenteaba entre sembrados de árboles frutales. Tras recoger algunos higos continuamos la caminata. El camino se internaba entre los sembradíos y tras un rodeo regresamos a la costa de donde habíamos partido. Apareció un hombre para abrir la posada. Le preguntamos si sería posible tomar café. El hombre nos hizo un gesto para que esperáramos. Nos acomodamos frente a la mesa que había bajo un gran árbol y allí nos quedamos durante unos quince minutos. Entonces apareció una mujer para atendernos. Era una señora de unos 60 años con aspecto juvenil que lucia sobre su cabello un pañuelo de estilo hippie a modo de tocado. La mujer hablaba un poco de italiano además de su griego natal, pero fue suficiente para comunicarnos. Le preguntamos si podíamos desayunar. Tras contestarnos afirmativamente volvió a entrar en la casa de madera. Pasados otros quince minutos, mi hermano, impaciente entró a ver como marchaba la comanda. Un minuto más tarde salió junto a la amable mesera. Ambos portaban sendas bandejas que posaron sobre la mesa. La mujer había preparado un café humeante cuyo aroma combinaba a la perfección con la luz matutina. Las bandejas contenían un apetitoso desayuno compuesto por pan casero con tomate natural untado y aceite de oliva, embutidos artesanales y un bol con higos que hacia pocos minutos, esta amable señora había cosechados de un árbol de su huerto. Los tomates también eran del huerto y el pan casero. Pedimos otras dos tasas de café mientras devorábamos el desayuno con fruición. La mujer nos trajo más café y luego nos sorprendió, poniendo sobre nuestra mesa un pequeño insecto. Era una Mantis religiosa, el animal se quedó en la esquina del cuadrilátero frotando sus patitas y viéndonos disfrutar del desayuno, no huyó ni se movió porque seguramente se daría cuenta de que no corría peligro. La mantis también estaba disfrutando de esa plácida mañana y de nuestra incipiente relación. La mesera comenzó a explicarnos algo sobre la especie Mantis religiosa pero no supimos entender bien lo que decía ya que hablaba mayormente en Griego. La charla declinó hacia otros temas y si bien la mezcla de griego e italiano no permitía captar los matices de la conversación, aún así entendíamos el contexto y lo pasábamos muy bien con esa alegre y locuaz mujer. Tras un buen rato de charla le pedí la cuenta sorprendiéndome de que tan apetitoso, artesanal y abundante desayuno solo nos costará unos pocos euros. Al despedirnos la señora quiso retratarse con nosotros y antes de partir nos preguntó si necesitábamos un poco de pan y sin esperar la respuesta entró en la posada para volver a salir con tres bolsas que contenían un apetitoso melón, un par de kilos de tomates recién cosechados y una enorme hogaza de pan casero. Agradecidos nos despedimos y embarcamos en el chinchorro para alcanzar el Ellebore.
Buceamos los fondos marinos antes de zarpar y entre las rocas sumergidas en esas aguas transparentes encontramos una gran variedad de fauna marina. Tras la inmersión, recogimos el fondeo y pusimos la proa en rumbo norte para navegar las 7 millas que nos separaban de la cala Asos a cuyo estuario estamos arribando al escribir esta bitácora.
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