La costumbre no es ley, sino una fuente más del derecho (al igual que los tratados internacionales, la jurisprudencia, las leyes y decretos legislativos, ...) y sólo se puede invocar en ausencia de una ley específica sobre la materia en cuestión.
La diferencia fundamental es que debe ser demostrable su existencia, no puede ir en contra de los principios éticos y morales y, sobre todo, no existe la obligación de conocerla (al contrario que la Ley).

Y es una creencia, no una opinión.