Re: Heroes Españoles (Relacionados con el mar) olvidados
Nuestro héroe del día: Don Juan de Amézcueta y Quixano.
5 de octubre de 1625, hace 393 años, el capitán don Juan de Amézqueta y Quixano sale al medio día a la explanada del Morro con cincuenta soldados y embiste contra lo más florido de la capitanía holandesa.
A las 9 de la mañana de aquel domingo festivo, por ser el día de la fiesta de la Naval, se escuchó la voz de alerta desde el Caballero de Austria. La guardia situada en este bastión del Morro, que da a la bahía, avisaron de cómo los holandeses se acercaban al foso del castillo moviendo un cañón por el interior de sus trincheras. El Gobernador, don Juan de Haro, se presentó en el baluarte y, tras comprobar lo grave de tal acercamiento, ordenó disparar a la amenazante pieza enemiga. El artillero hizo un tiro tan certero que desbarató el cañón holandés y sumó ocho bajas más entre los hombres de Balduino Enrico.
Minutos antes del medio día, 50 soldados formaban en el interior del castillo escuchando atentos las palabras que les dirigía animosamente su capitán, don Juan de Amézqueta y Quixano. Un veterano de Guipúzcoa con 38 años de servicio a su Majestad. Superviviente de las galeras de Génova, cautivo del turco por 14 años en Argel y Constantinopla, liberado para embarcar en Malta abordo de una de las 72 galeras que dirigió el príncipe Andrea Doria a la toma de Argel, y tras aquellas expedición, navegó en la flota de Nueva España, antes de acabar sirviendo 18 años como Capitán de Infantería en Puerto Rico. Aquel hombre sólo habría escuchado hablar de Flandes, pero había conocido otros infiernos.
La determinación con la que se dirigió a sus 50 soldados fue determinante, aquellos hombres saldrían a plena luz del día, a un campo en el que los esperaban cientos de holandeses, aquellos que habían cambiado de bandera La Fortaleza, mancillado sus templos y saqueado sus casas. En el caso de Amézqueta, dos de las mejores casas de la ciudad, en las que vivía con su mujer e hijos, hasta la llegada de la Armada de Príncipe de Orange.
A las 12 del medio día, salieron del castillo los 50 soldados dirigidos por el Capitán don Juan Amézqueta con tan arrojo y valor que la embestida sorprendió y dispersó a los holandeses. Lo cual permitió que, mientras unos desbarataban y ganaban las trincheras, el Capitán, auxiliado por el resto, se dirigió a los líderes de la tropa enemiga, que identificaron por el lucimiento de sus ropas y la animosidad con la que intentaban reorganizar la defensa. Tras varios estoques certeros y mortíferos, la espada del Amézqueta chocó con otra de igual o mayor experiencia, iniciándose así un duelo cuerpo a cuerpo que hasta el Gobernador pudo ver desde el castillo, creyéndose que el Capitán Amézqueta podría estar luchando contra el mismísimo Balduino Enrico. Cuando finalmente don Juan desarmó y hundió la espada en el cuerpo de su adversario, le estaba quitando la vida al que los holandeses creían el más valiente y diestro de sus hombres, el Sargento Mayor Ussel.
Al final del duelo le siguió una rociada de mosquetería holandesa, que fue el único daño que sufrieron los 50 defensores de Puerto Rico en su retirada. Volviendo a la seguridad del castillo del Morro, los hombres de Amézqueta cargaban con gran cantidad de mosquetes, venablos y alabardas arrebatadas al enemigo, que además se tenía que lamentar de casi sesenta heridos, 10 soldados muertos y la pérdida de un valeroso sargento.
Los hombres de Balduino Enrico, recompusieron sus líneas y respondieron contundentemente a la afrenta recibida. La artillería holandesa no paró de golpear durante el resto del día las castigadas murallas del Morro, desde las cuales apenas se pudo contestar por la escasa pólvora con la que se contaba en el interior del castillo.
Mientras tanto, por el mar otro barco amigo se acercaba al amparo de las baterías de los defensores, salvándose del patache holandés que cerraba la bocana y dejando alimentos a la resistencia.
Con las últimas luces del día, la gente del campo lograron capturar la lancha de la nave almiranta que comandaba el ebrio capitán de la Nieuw Nederlandt. Se trataba de cinco valerosos "jíbaros" que navegaban cautelosos a bordo de su canoa intentando llevar víveres al castillo del Morro. Cuando se encontraron con esta flamante lancha holandesa armada con un pedrero a proa, veinte soldados y su capitán. Los cuales, en misión de buscar alimentos para su tropa, nunca imaginaron caer sorprendido por estos cinco bravos campesinos que abordaron su embarcación, degollando a 16 enemigos, escapando 3 y haciendo prisioneros a los dos soldados, que entregaron al Gobernador una vez llegaron al San Felipe del Morro.
- Autor: Manuel Minero González. Museo del Mar. San Juan de Puerto Rico.
Fuentes documental:
- Amézqueta, J. (1627) Carta de Juan de Amézquita al Rey Felipe IV solicitando una merced, 15 de marzo de 1627 (AGI, Santo Domingo, 170) Transcripción obtenida en Rabel , C. (2016) La isla de Puerto Rico se la lleva el holandés. San Juan, Puerto Rico. Instituto de Cultura Puertorriqueña.
- Larrasa, D. (1625) Relación de la entrada y cerco del enemigo Boudoyno Henrico, general de la Armada del Príncipe de Orange en la ciudad de Puerto Rico de las Indias. Documento recopilado en Tapia y Rivera, A. (1854) Biblioteca Histórica de Puerto Rico. Biblioteca Nacional de España. Madrid.
- Laet. J (1644) Historia de los hechos de la Compañía Privilegiada de las Indias Occidentales. Traducción obtenida en Géigel-Sabat,. F (1934) Balduino Enrico. asedio de la ciudad de San Juan de Puerto Rico por la Flota Holandesa. Barcelona, España. Ed. Araluce.
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Buen viento y mar de popa para vuesas mercedes.
El mar dara a cada hombre una nueva esperanza, como el dormir le da sueños. (Cristóbal Colón)
I've seen things you people wouldn't believe. Attack ships on fire off the shoulder of Orion. I watched c-beams glitter in the dark near Tannhäuser Gate. All those moments will be lost in time, like tears in rain... Time to die. (Roy Batty) sigue mi blog Ganando Barlovento
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