Por esta razón, vendí mi velero, hace 40 años.
Siempre tenía qué depender de amigos o conocidos para poder zarpar.
Un día, uno con la peque malita y el otro con resfriado, otro fin de semana
la parienta no le dejaba salir y el otro tenía visita en casa, o tenía qué trabajar, o venían los suegros, suma y sigue...
Cuando ellos podían, yo tenía compromisos y así nos fué.

Muy a mi pesar, tuve qué pasarme al tractor, cómo los llamaís por esta Santa Taberna y Santas Pascuas.
Ahora es cómo un coche, cruzo la calle, pongo contacto y si nadie me acompaña, mejor sólo.
Un saludo.