La prueba evidente es que ha bastado que nos fuéramos unos cuantos - no sé cuántos, sería interesante saberlo - para que la DGMM, en vez de tender a una reglamentación más acorde con la de los países de nuestro entorno, haya sacado el déspota que lleva dentro y trate de asfixiar esa posibilidad incluso recurriendo a procedimientos manifiestamente ilícitos.
También es curioso ver la indiferencia de gran parte de los abanderados en España: en vez de pedir mejoras en la OM (y anda que hay margen más que sobrado para ello, pues la basura de borrador de OM es prácticamente idéntica a la Orden FOM 1414 de hace 15 años), parece como si estuvieran poseídos por un sídrome de Estocolmo galopante.
En fin...
