Este verano el Corto Maltés estuvo abarloado al Joshua durante nuestra estancia en La Rochelle, dando la vuelta a Francia. Emocionante. Se recuperó después de su último naufragio, se restauró, y ahora tiene la categoría de monumento histórico nacional francés y se sigue usando para navegar y dar a conocer su figura.
Nos propusimos conocerlo de cerca. Tiene su puesto de amarre en el Bassin del Chalutiers junto a un mercante a cuyo bordo se ha instalado el Museo Marítimo de La Rochelle. Nos enteramos a qué hora volvía, nos enrollamos con la chica de la taquilla del museo marítimo para que nos dejara pasar, y sin cobrarnos, a pesar de que ya había cerrado (el rollito de dar la vuelta a su país en un velero de 6 metros parece que era eficaz) y nos presentamos en el pantalán mientras amarraban. Allí nos enrollamos con Philippe, el capitán, y Françoise y Laurence, las tripulantes, que nos enseñaron todo y compartimos casi una hora de anécdotas y conversación sobre su héroe. Una experiencia extraordinaria estar en ese barco tan famoso como el Arca de Noé, donde escribió sus libros, donde dio su mítica vuelta y media al mundo durante la Golden Globe renunciando a ganarla con tal de no volver a Europa, y donde vivió su vida bohemia flaco y en posición de loto.
La verdad es que es un barco muy mangudo, de francobordo muy bajo, y visto de cerca hasta feo. Tiene varias abolladuras en el casco, que es de acero y se quedan como los golpes en un coche. Pero es curioso ver los inventos de Bernard, por ejemplo el timón interior mirando a popa para ver acercarse las olas en las grandes latitudes, los guardines del timón exterior hechos con un simple cabo dirigido con poleas (sencillo y todo a la vista para que sea fácil de reparar), los manguerotes de la cubierta terminados con una cámara de moto, o los trabajos de ebanistería en la mesa.
Yo no soy especialmente forofo de Moitessier, y creo que para conocerle es fundamental leer el libro de su mujer “60.000 millas a vela” aparte de sus propios libros. Un gran navegante y comunicador pero un hombre al fin y al cabo, y como todos una desgarbada colección de puntos flacos, con sus miedos, sus inseguridades, sus contradicciones, y sobre todo sus problemas con las mujeres, que resumió una de las tripulantes del Joshua con esta frase: "Bernard acabó destrozando todos sus barcos... y todas sus mujeres".
Os enseño algunas fotos de cerca y del interior.
El chiquitín de detrás con la bici es el mío.