Hola cofrades,
Os paso la segunda parte del relato que mi amigo Iñigo, generosamente, ha querido compartir con todos nosotros por si, llegado el caso (esperemos que no), nos pudiera ser de ayuda:
Águilas a 21 de octubre de 2018
Este relato es continuación del que he escrito que hace referencia a la varada de la embarcación Alhena de mi propiedad y que yo patroneaba el día 7 de octubre de 2018 en la playa de La Fuente de Cope en Águilas.
La citada playa, de la Fuente de Cope tiene un fondo de cantos, no muy grandes en la rompiente, gruesos y con puntas en las aguas someras. Cuando se avanza un poco más allá del metro de profundidad el suelo se vuelve de arena, aunque en los primeros tramos puede tener piedras que emergen de la arena. Está flanqueada por dos escollos someros a cada lado.
La embarcación en su varada empujada por las olas quedó con la quilla en dirección a la mar y reposando sobre el pantoque de babor en el suelo de la playa, constituido por canto grueso y algunas puntas de roca.
El domingo 7/10, cuando el barco desgraciadamente quedó varado en la playa, estaba en perfecto estado, salvo los daños que pudiera tener en la quilla por los contactos con el fondo que había tenido durante su trayecto hasta la playa.
Así se comunicó a la persona que respondió a la llamada en el teléfono de emergencias náuticas del seguro.
En la mañana del lunes 8/10 la aseguradora me comunicó que habían comisionado a un profesional especializado en el rescate de embarcaciones para planificar la operación necesaria y que debíamos abstenernos en realizar ninguna acción por nuestra cuenta. Hice además las gestiones que me indicó, con respecto a la comunicación del siniestro, y la comunicación de la varada a la Capitanía de Marina.
Tras de 15 horas después de la varada, a primera hora del lunes, el barco no tenía vía de agua, y se constató claramente que la estructura del casco que recibe la quilla estaba perfectamente conservada pese a los golpes soportados. En ese momento la recuperación de la embarcación hacía presumir que los daños eran perfectamente reparables y que el salvamento de debía realizar pronto para evitar posibles daños en el casco.
La persona comisionada por el seguro para el rescate (el rescatador a partir de este momento) contactó telefónicamente conmigo y se presentó como el gestor del rescate, comisionado por el seguro y fue informado por mí de la situación de la embarcación. Me comunicó su intención de realizar el rescate por tierra mediante una oruga, desmontando quilla y mástil y el transporte de la embarcación sin estos apéndices.
Le expliqué la dificultad de conservar el valor de la embarcación en esa operación pues seguramente en el procedimiento se iban a producir daños irreparables en elementos clave de la embarcación. También que la situación de riesgo de la embarcación señalaba que el rescate se debía producir sin demora. El rescate por mar parecía en ese momento factible y rápidamente organizable. Me comunicó que se debía acordar el procedimiento y obtener la autorización de la autoridad de marina de Cartagena y que ya estaba trabajando en ello, que el rescate debía demorarse un día más hasta el martes.
En la mañana del día 8 un perito se puso en contacto conmigo y me comunicó que había sido comisionado por el seguro para participar en la tramitación y valoración del siniestro. Me preguntó si conocía algún astillero de Águilas capaz de abordar la reparación y el mismo sugirió uno (a partir de ahora el astillero) como posible responsable, lo cual me pareció muy adecuado para ese cometido. También me pidió que solicitara su participación en el rescate, entendí que para colaborar en la preservación del valor de la embarcación, cosa que comenzó a hacer visitando los restos y comunicando de su estado y la situación de riesgo al rescatador en la tarde de ese mismo día.
Por la tarde del lunes 8/10 se produjo una vía de agua en la embarcación con una zona delimitada del pantoque de babor, accesible desde el interior de la embarcación, hecho que fue comunicado a todos los intervinientes. El astillero comunicó está información personalmente al rescatador.
A última hora del lunes el rescatador me comunicó su intención de realizarlo por tierra, con una grúa y una góndola que transportaría la embarcación sin desmontar la quilla, y que el desarbolamiento se realizaría en tierra, con el mástil vertical para evitarle daños y que era necesario acondicionar los accesos a la playa, operación que comenzaría a primera hora del martes 16, para realizar el rescate durante el resto del día, y que él se personaría a primera hora de la mañana de ese mismo día para coordinar la operación. Preguntando sobre si por parte mía, o del astillero se podría hacer alguna acción para facilitar el rescate, nos solicitó que retiráramos la vela de proa enrollada en el estay para evitar el riesgo de tenerla flameado si se arriaba con el barco izado en la góndola de transporte.
Se arrió la vela de proa a primera hora del martes 9/10, y se quedó a la espera del comienzo de la operación, que no se produjo. Contactando con el rescatador, nos comunicó la dificultad sobrevenida de que la zona en la que se va a realizar la operación tiene una protección medioambiental y que era necesario gestionar la autorización de Medio Ambiente de la Comunidad Autónoma, gestión que le estaba ocupando en ese momento.
En la mañana de ese día 9, sobre las 13:00 coincidieron el perito y el rescatador en el lugar de la varada, y nos reunimos después los tres en un local de Calabardina donde facilité al perito toda la información y documentación necesaria para la gestión del siniestro. El rescatador nos informó de la dificultad de la autorización con Medio Ambiente y de que el operativo empezaría a primera hora del miércoles 10, y que tendría que contar con la presencia de los técnicos de Medio Ambiente que deberán supervisar las intervenciones. Se valoró en ese momento el deterioro progresivo que estaba sufriendo el pantoque de la embarcación sobre el que se encontraba recostada, y del daño que cabría esperar de otra tarde y noche de exposición al oleaje.
A la mañana siguiente, día 10/10 comenzó el operativo que se demoró considerablemente, esperando a la presencia de los técnicos de Medio Ambiente y a la posterior deliberación sobre la realización del operativo. Las condiciones finales conllevaron el compromiso de paliar los daños producidos devolviendo al entorno al estado más aproximado al previo, retirando los rellenos y repoblando la superficie afectada con las especies autóctonas preexistentes.
Finalmente se realizó el operativo con retrasos muy significativos, que terminó a altas horas de la noche depositando la embarcación en el astillero de destino. En este proceso intervinieron muy activamente los miembros del astillero, realizando el desarbolamiento de la embarcación de forma que no se produjeran daños en mástil y jarcia, y el aseguramiento de la embarcación en la góndola por lo que se realizó el transporte (delicado), sin incidentes.
En todo momento las decisiones en el proceso de rescate se han tomado buscando reducir daños en la embarcación, que se encontraba en buenas condiciones al comienzo del operativo y los daños aparecidos en el casco y la inundación son producto de la exposición a un fondo agresivo y los movimientos producidos por el oleaje de los tres días en los que ha estado varado, dos de ellos debidos a la gestión de autorizaciones.
El operativo de rescate fue comisionado por los responsables del seguro, fui informado de las gestiones realizadas en el proceso en el que he intentado colaborar de la forma más positiva, ayudando sin obstruir.
Como en el apartado anterior quiero manifestar mi opinión por si se puede mejorar en otras situaciones parecidas.
No conozco las normas que rigen el rescate de embarcaciones varadas, pero creo que una embarcación varada es perfectamente recuperable desde el mar si está en condiciones de flotar. Si la varada se hubiera producido durante el día, se hubiera sacado la embarcación desde el mar a las pocas horas con los recursos disponibles (que existen en Águilas y que nos fueron ofrecidos) y una gestión local del operativo, se hubiera considerado una acción de salvamento natural.
No se pudo hacer durante la noche, pero a durante la mañana, y antes de que se volviera a incrementar el oleaje que se esperaba a partir del mediodía podría haberse realizado si se hubiera orientado la acción hacia ese fin.
Sin embargo la intervención de autoridades, que me parece que deben intervenir, al ser previa incluso al conocimiento in situ de las condiciones de la embarcación y del entorno por parte del rescatador, impidió la acción que habría sido necesaria. No estamos hablando de intervenciones temerarias, sino razonables. No hacerlo ha significado muchas acciones posteriores de mayor gravedad y coste para todas las partes que podrían haberse evitado.
https://www.laverdad.es/murcia/aguil...0642-ntvo.html
Estaremos todos de acuerdo en que gestionar un rescate precisa de una capacidad de acción inmediata, de la que hay que informar sin duda, y responder por lo realizado. Las decisiones pueden ser tomadas por personas habilitadas por su capacidad demostrada, que deben estar disponibles y con capacidad de acción. Si el lunes, el rescatador hubiera estado en Águilas a las 10:00 en vez de estar en Murcia a las 09:00, hubiera coordinado un operativo de rescate de una embarcación varada con éxito, en vez de gestionar la operación por tierra con todos los inconvenientes que os he relatado y os podéis imaginar.
Hay que cambiar algo en la forma en la que se toman las decisiones en nuestro contexto.
Es posible que pueda escribir otra tercera continuación de estos dos relatos y el aprendizaje que se haya podido producir, y será con respecto a la gestión con el seguro, asunto en que ahora estamos centrados, esperando decisiones por parte de sus responsables.
Gracias por la paciencia
Iñigo Anza