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Dos artículos sobre el tema:
Fuente.Santiago Romero Vigo
"Aurelio Fernández, propietario del "Halcón", a bordo del velero en el puerto de A Coruña.
Aurelio Fernández, propietario del "Halcón", a bordo del velero en el puerto de A Coruña. víctor echave
El puerto de A Coruña se ha convertido en la base de un velero que protagonizó uno de los episodios más legendarios de la II Guerra Mundial.
Durante 25 años, el "Halcón" fue la joya indiscutible del club náutico tinerfeño. Allí participó -y ganó- en un gran número de regatas, hasta que en 1965 fue adquirido por unos ingleses que se lo llevaron como trofeo histórico a las islas británicas. Pero resultó que el barco sufrió una avería cerca de Cedeira. Sus propietarios prefirieron volver en avión a su país y el "Halcón" quedó abandonado a su suerte una vez más.
Los socios del Náutico de A Coruña pronto se dieron cuenta del valor del barco, y tres de ellos decidieron crear una sociedad para comprarlo. Aurelio Fernández, Miguel San Claudio y Santiago Méndez juntaron sus esfuerzos para dotar al club de una nave que a principios de los 70 era su estrella.
La travesía más famosa del Halcón en aquella época fue la que realizaron a Inglaterra en 1972 Miguel San Claudio, Ángel Martínez García y César Bonilla, acompañados por una joven galesa, Gail Bruce, y un conocido marinero de Corcubión, Gregorio. El tiempo les favoreció durante dos días a los marineros, pero al tercero se levantó una tormenta que casi acaba con el barco. "El viento alcanzó fuerza diez y el temporal era tan severo que estuvimos amarrados al barco durante dos días" -recuerda Bonilla- . Los periódicos gallegos dieron al navío por desaparecido, y cuando las esposas de San Claudio y Bonilla llegaron a Londres para esperarlos no se sabía nada de ellos. Fue la aseguradora "Joyce" la que dio las primeras noticias de la llegada del "Halcón" a Falmouth c on su tripulación sana y salva.
"Viene mucha gente a ver el Halcón -señala Aurelio-. Han intentado comprármelo algunas veces y se han interesado por él muchas más. Pero como no suelen encontrarme animado a vender ya no insisten".
s. r.vigo
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Seguramente muchos gallegos desconocen que en un muelle de la Dársena del puerto de A Coruña se halla apostado desde hace años un barco legendario. El Halcón es el yate en el que cruzaron el Atlántico, tras fugarse de una cárcel de alta seguridad en una isla, cuatro oficiales del mítico acorazado de bolsillo Graf von Spee, la joya de la Marina de guerra de Hitler, hundido por su capitán frente al puerto de Montevideo al inicio de la II Guerra Mundial para evitar que cayera en manos de la flota inglesa, que llevaba meses tratando de darle caza en los mares con una formidable escuadra de persecución: cuatro acorazados, catorce cruceros y un portaaviones.
El Spee se convirtió en una pesadilla para la Royal Navy en los primeros meses de la guerra, en los que hundió a una sinfín de mercantes en el Atlántico sur, poniendo en peligro las rutas de abastecimiento al Reino Unido.
La Batalla del Río de la Plata enfrentó el 13 de diciembre de 1939 al prodigioso barco alemán (una maravilla de la época, pequeño y ligero pero armado como un acorazado y un radar y sistemas de tiro de tecnología hasta entonces desconocida) con tres cruceros británicos: Exeter, Ajax y Achilles. El Spee destrozó al Exeter y dejó fuera de combate al Achilles, pero perdió a 56 hombres y sufrió daños de consideración que no le impedían sin embargo combatir.
Temiendo la llegada de más barcos ingleses, el comandante alemán Hans Langsdorff tomó la decisión de no acabar también con el Ajax y se alejó hacia el puerto de Montevideo, donde le dieron 72 horas para arreglar sus desperfectos. Los ingleses, que no podían concentrar al grueso de su flota en un plazo menor de una semana, echaron mano de su portentoso servicio secreto para engañar al Alto Mando Naval nazi con falsos comunicados sobre fuerzas británicas inexistentes que aguardaban la salida del Spee en el estuario de la Plata.
El acorazado alemán abandonó lentamente el puerto de la capital uruguaya y sorprendentemente el comandante Langsdorff lo hizo estallar a cinco millas de la costa, tras evacuar a su tripulación de un millar de hombres, que acabarían apresados en Uruguay y Argentina.
"Este invierno se cumplieron setenta años del hundimiento del Spee" -comenta el coruñés Aurelio Fernández Lage, actual propietario del Halcón, en el que los mandos del Graf von Spee escaparían a través del Atlántico en una rocambolesca fuga.
El interés por el Graf von Spee ha renacido con la publicación de nuevos libros y documentales, a la sombra de la polémica en torno a un faraónico proyecto que pretende rescatar el pecio de su tumba marina con una costosa operación de 24 millones.
Nuevos datos han salido a la luz sobre las intrigas de espionaje que precedieron el hundimiento del barco y que facilitaron la fuga de cuatro de sus oficiales en el velero Halcón hacia las islas Canarias, pero sin duda la mejor información sobre este episodio histórico ha estado siempre en las manos de Aurelio Fernández, que aún conserva los informes que le envió hace años desde el Río de la Plata Hernán Álvarez Forn, actual presidente de la Asociación de Barcos Clásicos de Argentina.
Forn revela que el propietario del Halcón en 1939 era un importador de café alemán asentado en Buenos Aires llamado Dietrich Meybohm, que estableció contacto con cuatro oficiales del Graf von Spee recluidos en una cárcel de alta seguridad en Martín García, una isla del Río de la Plata administrada por la marina y fue el artífice del osado plan de fuga.
"En connivencia con los carceleros, porque no era fácil evadirse de esa prisión -dice el informe-, Meybohm embarcó a los oficiales del Graf von Spee en un Halcón bien pertrechado y puso proa al Atlántico. No se supo más de él hasta que llegó a Buenos Aires la asombrosa noticia de que había arribado a Tenerife con los oficiales nazis: habían navegado 5.600 millas sin escalas".
La ruta tomada por el Halcón debía evitar el encuentro con naves aliadas, de modo que aprovechando las corrientes y los vientos predominantes, se alejó de la costa americana y puso rumbo al norte por el medio del Atlántico. Un avión de los servicios secretos nazis fue a buscar a los oficiales a Canarias y Meybohm acabó también por irse a Alemania, dejando al Halcón en Tenerife"
El regreso del "Halcón"
fUENTE:
MARIO SUÁREZ ROSA
"Hace unos días regresó a Tenerife el “Halcón”, una de las embarcaciones, junto al “Tirma”, el “Alondra” o la “Balandra de Aviación”, en torno a la cual se escribió la historia de la náutica deportiva en Canarias a mediados del pasado siglo.
Se trata de un velero de madera construido en Argentina en la década de los 30”, con 10.80 metros de eslora, 2.9 de manga, 1.7 de puntal y 10 toneladas de desplazamiento, aparejado en cutter1, con mayor, foque, y trinquete.
Su historia tiene tintes novelescos ya que en él cruzaron el Atlántico, tras fugarse de una cárcel de alta seguridad de Argentina, varios oficiales alemanes al inicio de la Segunda Guerra Mundial. En un artículo titulado “Un mito naval en la dársena”, Santiago Romero2 publica en el Diario La Opinión A Coruña la odisea del “Halcón”, de la que hemos extraído algunos datos para reconstruir su historia.
El acorazado de bolsillo “Admiral Graf Spee”, que era la joya de la marina de guerra de Hitler, se hizo a la mar poco antes del estallido del conflicto bélico, dirigiéndose al Atlántico Sur donde se convirtió en una pesadilla para la Royal Navy británica en los primeros meses de la guerra, época en la que hundió a un sinfín de buques mercantes, poniendo en peligro las rutas de abastecimiento al Reino Unido. Para darle caza, la marina inglesa envió una escuadra compuesta por, nada menos, que cuatro acorazados, catorce cruceros y un portaaviones.
El 13 de diciembre de 1939 se produjo la Batalla del Río de la Plata, enfrentándose el prodigioso barco alemán (una maravilla de la época, pequeño y ligero pero armado como un acorazado y un radar y sistemas de tiro de tecnología hasta entonces desconocida) con tres poderosos cruceros de la flota británica: “Exeter”, “Ajax” y “Achilles”. El “Spee” destrozó al “Exeter” y dejó fuera de combate al “Achilles”, pero perdió a 56 hombres y sufrió daños de consideración que no le impedían sin embargo combatir. Temiendo la llegada de más barcos ingleses, el comandante alemán Hans Langsdorff tomó la decisión de no acabar también con el “Ajax” y se alejó hacia el puerto de Montevideo, donde le dieron 72 horas para arreglar sus desperfectos.
Los ingleses, que no podían concentrar al grueso de su flota en un plazo menor de una semana, echaron mano de su portentoso servicio secreto para engañar al Alto Mando Naval nazi con falsos comunicados sobre fuerzas británicas inexistentes que aguardaban la salida del “Spee” en el estuario de la Plata. El acorazado alemán abandonó lentamente el puerto de la capital uruguaya dos horas antes de que expirase el plazo y, sorprendentemente, el comandante Langsdorff lo hizo estallar a cinco millas de la costa tras evacuar a su tripulación de un millar de hombres que acabarían apresados en Uruguay y Argentina. El espionaje alemán, convencido de que los ingleses aguardaban al “Spee” a la salida del estuario, quería evitar a toda costa que sus contendientes se hicieran con la tecnología de última generación que portaba el acorazado.
Langsdorff tenía órdenes de actuar como corsario y hundió muchos cargueros pero no causó un solo muerto en sus acciones. Sobre su caballerosidad da fe el que algunos de sus prisioneros, desembarcados en la capital uruguaya, acompañaran su cortejo fúnebre en Montevideo tras suicidarse en un hotel después de ordenar hundir al “Graf von Spee”. Dejó instrucciones para que cubrieran su cuerpo con la bandera de su barco, en ningún caso con la de la cruz gamada.
Varios de los oficiales del barco alemán recluidos en la isla Martín García, en el Río de La Plata, fueron liberados, en connivencia con los carceleros, porque no era fácil evadirse de esa prisión3, por un importador de café alemán asentado en Buenos Aires llamado Dietrich Meybohm, muy buen marino y ferviente germanófilo4.
Meybohm, como buen aficionado al mar, tenía un velero llamado “Halcón” que pertrechó para realizar una larga travesía que les devolviera a Alemania. El 1 de febrero de 1942 partió de Punta del Este (Uruguay), llegando al puerto de Santa Cruz de Tenerife el 14 de abril. En este puerto desembarcaron Meybohn, Helmut Griessmann, Kurt Werner y Kurt Doll5.
Habían navegado 5.600 millas sin escalas siguiendo una ruta que evitaba el encuentro con naves aliadas, tanto mercantes como de guerra de modo que, aprovechando las corrientes y los vientos predominantes, se alejó de la costa americana y arrumbó al Norte por el medio del Atlántico. Meybohm contaría después que sus míticos compañeros de viaje, los oficiales del “Spee”, eran magníficos marinos profesionales pero no sabían nada de vela y se mareaban terriblemente.
La prensa de la época no se hizo eco de la travesía hasta muchos meses después y lo hizo con una noticia llegada desde Bremen (Alemania) en la que, oportunamente, la auténtica identidad de los navegantes sería ocultada y sin entrar en detalles acerca del motivo de tan insólita travesía, suponemos que para no comprometer la supuesta neutralidad española:
CUATRO ALEMANES CRUZAN EL ATLÁNTICO
A BORDO DE UN PEOUEÑO YATE
Bremen 14, 10 noche, (S. E. T.) A bordo de un pequeño yate a vela, dotado de un motor auxiliar de unos diez caballos, cuatro alemanes han atravesado el Atlántico desde Buenos Aires hasta Santa Cruz de Tenerife, invirtiendo en el recorrido sesenta y ocho días, a pesar de, las desfavorables condiciones meteorológicas. La tripulación la forman el propietario del yate, Dirk Meybohm, natural de Bremen, que desde 1925 residía en Argentina; el tercer oficial del vapor “Tacoma”, de la Compañía Hapag, Giessmann, el empleado de la casa comercial Meybohn, de Buenos Aires, Kurt Doin, y un hamburgués llamado Kurt Tozorky. Durante la travesía, los tripulantes del yate divisaron cinco vapores, entre ellos uno norteamericano, de 6.000 toneladas, cargado de aviones. Al Oeste de las islas de Cabo Verde, el velero se vio inesperadamente en medio de un banco de ballenas, una de las cuales llegó a aproximarse peligrosamente a la embarcación.6
Un avión de los servicios secretos nazis fue a buscar a los oficiales, mientras que Meybohm intentó llevar el barco hasta Gran Canaria ya que el Real Club Náutico de esa isla estaba interesado en su adquisición por 42.000 pesetas.
Enterados varios socios del Real Club Náutico de Tenerife de este hecho, se pusieron en contacto con el cónsul argentino7 para que evitara su salida del puerto tinerfeño8 y tras reunir 40.000 pesetas, se lo compraron a Meybohm, quien regresó a Alemania9.
El “Halcón” fue desde entonces, y durante casi 30 años, el buque insignia del Náutico de Tenerife participando en innumerables regatas como la San Ginés, donde ganó dos ediciones (1948 y 1949), y ostentó el récord de la travesía durante 18 años.
Tuvo mala suerte esta embarcación pues en 1954, participando en la Regata de San Ginés, embarrancó en la costa norte de Fuerteventura10 cuando navegaba, retirado, hacia Arrecife. El motivo fue una cadena de desgracias: a las dos de la mañana sufrieron las roturas, primero del trinquete y luego de la mayor. Ante el temor de embarrancar, la tripulación intentó arrancar el motor sin éxito, por lo que decidieron virar hacia el Sur alejándose de los rompientes con tan mala suerte que en la maniobra una burda falló, ocasionando la rotura del palo y que el barco se quedase acostado en los riscos sobre su banda de babor. Eran las 4.30 de la mañana por lo que la tripulación permaneció asida al barco, haciendo de tripas corazón, hasta que al amanecer saltaron a tierra donde un viejo pescador les socorrió. Sanos y salvos, fueron caminando hasta Corralejo, desde donde los trasladaron en camioneta a Puerto Cabras.
Una semana después se procede al rescate del barco. Su patrón, José Miguel Mandillo, describe el rescate de la embarcación al periodista Guillermo Topham, corresponsal en Arrecife del periódico Falange11:
Llegamos a Fuerteventura en la mañana del Lunes, 21, por vía aérea. El mismo día llegó también el motovelero “Cazón”, que conducía el material de salvamento. Invertimos cinco días en el rescate. Desde las primeras horas del martes, hasta la mañana del domingo, en que cogimos el remolcador. Pese al buen tiempo, tuvimos más dificultades de las que suponíamos. Lo primero que hicimos fue quitarle las orzas, luego, izarlo, alejarlo de los rompientes, prepararle una cuna, enderezarlo, arrastrarlo más de un kilómetro por un cauce que era un verdadero desrriscadero y, últimamente, prepararlo para aplicarle el remolque.
Trabajamos ininterrumpidamente desde las seis de la mañana basta las seis de la tarde, de cada día. Tardamos ocho horas en remolcarlo hasta Arrecife. Todo salió a las mil maravillas, contribuyendo al feliz remate de la operación la falúa12 del señor Ramírez13 que es una gran embarcación. No dejes de decirlo así.
La restauración la llevará a cabo el afamado carpintero de ribera maestro Pancho Trujillo. Tenemos plena confianza en él. He de manifestarte que todos los socios del Club, sin la más mínima oposición, decidimos reparar el balandro en Arrecife, ciudad marinera cien por cien.
Este accidente sacó a la luz un detalle que sin duda alguna es fruto de su azarosa vida, y es que el “Halcón” carecía de papeles, puesto que nunca fue abanderado en España. Como solución se optó por camuflarlo con el nombre de otra embarcación que había encallado en el mismo lugar y que se llamaba “Famara”, hasta que, algún tiempo después, se solucionó definitivamente esta irregular y peculiar situación.
Junto al “Tirma”, “Aldabe” y la “Balandra de Aviación” participó en la primera Regata Lustral celebrada en 1960, donde obtuvo la tercera posición. En esa ocasión, los balandristas se hospedaron en el hotel Florida, donde disfrutaron de la hospitalidad palmera. Según Manuel Domínguez García, el tripulante más joven del “Halcón”, se trataba de un hotel precioso que estaba pasando el túnel a la derecha al lado de un campo de fútbol. Por cierto, allí habían puesto un barco de vela que requisaron con emigrantes y alguien nos dijo que si podíamos aprovechar algo para el “Halcón” lo cogiéramos, y ni cortos ni perezosos ¡lo desvalijamos!
Otro detalle que recuerda especialmente Manuel Domínguez, es que en esos días de estancia en la isla tuvo lugar la presentación en sociedad de las niñas de La Palma.
En el capítulo de anécdotas, sucedió que en el “Halcón” desaparecieron 300 pesetas, por lo que el marinero Jacinto Cruz, que era el único que dormía en el balandro, puso la correspondiente denuncia. Tras la oportuna intervención de la Guardia Civil se pudieron recuperar 200 pesetas.
Otro dato curioso de esa primera edición es que el regreso de los barcos a los puertos de origen se realizó en medio de unas duras condiciones meteorológicas. Quico Sansón, capitán náutico del Real Club Náutico de Tenerife, en una carta dirigida al presidente del Nuevo Club de La Palma, pide disculpas en nombre de la tripulación del “Halcón” ya que no telegrafiaron a la entidad palmera para dar cuenta de su llegada a Santa Cruz de Tenerife sin novedad, pese al mal tiempo.
En 1965, a la popa del remolcador “RA-2”14 volvería a llegar el “Halcón” a la capital lanzaroteña cuando rompió nuevamente el palo en otra San Ginés15.
Su última participación bajo la grímpola del Real Club Náutico de Tenerife fue en la regata Plymouth-Tenerife de 1970. Cerca de Cedeira16 el barco sufrió una avería en el tope, por lo que su tripulación optó por entrar en La Coruña, dejándolo al cuidado de unos ingleses que pretendían llevárselo a su país como trofeo histórico. Finalmente fue adquirido por Aurelio Fernández Lage, Miguel San Claudio y Santiago Méndez Fariña, socios del Real Club Náutico de La Coruña, ciudad en la que ha permanecido hasta la actualidad."
¡¡¡ Bienvenido de nuevo !!!
Saludos,

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