Temido, cuando me refiero a que me “incordia” una moto de agua no hablo en general, faltaría más. Hablo de cuando se empeñan en cruzarte peligrosamente por la proa o te bañan con su estela estando fondeado. Solo eso. Y el supuesto misticismo de navegar a vela tiene que ver con el viento y esa sensación primitiva, herencia de generaciones de navegantes, de desplazarse contra él o a su favor, no con que no se consuma ningún combustible. El barco a motor, me da igual qué carburante lo impulse, seguirá siendo lo mismo: un casco y una hélice o una turbina (o lo que se invente) contra el agua. En este caso no hablo de ecología, sino de otra materia que, cierto, resulta difícil de explicar y que, obviamente, no todos sentimos igual. Y por supuesto, al menos en mi caso, no me siento mejor que otro por ir a vela. En la educación, no en el combustible, está la verdadera diferencia entre navegantes.
