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Hermano de la costa
 
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Predeterminado Re: Sobre traineras y remeros

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Originalmente publicado por trabañarru Ver mensaje


DE valientes esta lleno el fondo del mar.
En mi modesta opinion, eso fue una animalada, ni las chicas estaban preparadas para gobernar con un minimo de seguridad una trainera en esas condiciones ni la organizacion tuvo la valentia de suspender la competicion femenina o el demorarlo un par de horas hasta que la situacion de viento y mar cambiaran...
Eso no es remar ni es nada
La situación era realmente "movidita", pero (por lo menos, viendo el vídeo), da la sensación de que las tripulaciones la tenían bajo control.


Por cierto, el vídeo me ha recordado a un capítulo de "Las inquietudes de Shanti Andía", de Pío Baroja:

"Sali de la atalaya, cruce el Rompeolas. El mar saltaba por los malecones
y llegaba hasta las mismas casas, haciendo un ruido de terremoto.
Metiendome por el agua, llegue hasta el angulo del muelle y dije a los
pescadores lo que pasaba, lo que me habia dicho el atalayero. Se solto
el bote de salvavidas. Larragoyen y otros marineros fueron entrando, a
pesar de los gritos de sus mujeres. A mi me miraban, como diciendo: ?Que
ira a hacer este? Salte al bote, y Larragoyen, con una galanteria
marina, me dijo que dirigiera yo. La lancha no tenia timon. Para
momentos peligrosos, es mas conveniente un remo largo, bien sujeto a
popa, haciendo de espadilla. Todas las mujeres y chicos nos contemplaban
con ansia. Era un momento aquel por el cual yo tenia la certidumbre de
que habia de pasar alguna vez en mi vida.
Quiza mi sino era morir asi, en el mar, de heroe, y que los chicos de mi
pueblo hablaran de Shanti Andia como de un personaje de leyenda.
La primera impresion al entrar en el bote fue de sofocacion; los
sudestes y Ciras de los pescadores echaban un olor, mezcla de aceite de
linaza, de pescado frito y de agua de mar, muy desagradable.

Esperamos a ver lo que ocurria, los seis hombres en los remos; yo, de
pie, en el timon. Una de las barcas paso; la otra, segun dijeron, se
perdia.
--iHala! iFuera!--dije yo.
Salimos de las puntas. El horizonte se llenaba de nubes negras, cuyas
formas cambiaban continuamente; a lo lejos, en el fondo del cielo, cerca
del agua, se veia una barra negrisima, cuyo borde superior tenia un
tinte cobrizo. Las olas, enormes, amarillas, venian de tres o cuatro
partes diferentes y se rompian en un torbellino de espumas.
En este momento, Larragoyen, quitandose la boina, dijo:
--Un padrenuestro por el primero de nosotros que se ahogue.
Confieso que la cosa me hizo muy mal efecto. Rezaron todos; yo miraba a
lo lejos. El atalayero nos grito que no fueramos directamente hacia
donde habia zozobrado la lancha, sino dando la vuelta.
Asi lo hicimos. Realmente la tormenta era ruda; pero manejable; el
viento soplaba siempre del mismo lado, sin cambiar apenas. El bote
saltaba como un delfin sobre las olas.
Estos peligros grandes y aparatosos quitan el miedo, sobre todo si uno
tiene que asumir la responsabilidad; entonces dan la impresion de un
problema de matematicas que hay que resolver. Desde el mar, el
espectaculo de la tierra era extrano. El pueblo entero parecia invadido
por las olas y las espumas.
Por intervalos llegaba una ola casi cilindrica, como hueca, mas
voluminosa que las otras. En vez de recibirla de traves, maniobramos
para cogerla de frente, o, por lo menos, en un angulo lo mas acentuado
posible.
Esta maniobra de defensa nos obligaba a inclinarnos y a perder el rumbo.
Dimos la primera vuelta, pasando por el sitio donde habia zozobrado la
lancha, y recogimos dos naufragos; luego volvimos a dar otra vuelta y
pudimos salvar otro; a la tercera vuelta, no encontramos a nadie.
Faltaban Agapito, el novio de Genoveva, y tres muchachos mas. Nuestros
remeros estaban rendidos. Nos acercamos a las puntas, y el atalayero con
la bocina nos mando detenernos.
Yo le dije a Larragoyen que me parecia mejor seguir e intentar pasar la
barra lo mas pronto posible. Ir a guarecerse a Guetaria, con la gente
cansada y anhelante, me parecia peligroso. Larragoyen nada dijo.
El sostenerse alli era casi tan peligroso como pasar. Despues de las
tres olas fuertes, los golpes de mar de ordenanza, como les llaman los
marinos, venia un momento de relativa calma. Este momento creia yo que
se debia aprovechar para atravesar la barra; pero los hombres estaban
rendidos.
Yo empece a ver la cosa mal; los hombres se encontraban jadeantes,
demasiado cansados para hacer un esfuerzo verdadero y eficaz.
Nuestra inquietud iba en aumento; la moral de nuestros remeros
desfallecia. A mi me sostenia la idea de la responsabilidad. Desde donde
estabamos, a veces, se oian las conversaciones de la gente en el
Rompeolas; a veces, en cambio, no llegaban hasta nosotros los gritos del
atalayero con su bocina.
Los marineros iban perdiendo tono; cuanto mas tiempo tardaramos en
intentar atravesar la barra, nuestra probabilidad de pasar era menor.
El mar seguia cada vez mas furioso; las nubes corrian por el horizonte
de una manera tan rapida que producian el vertigo. En esto, una ola de
aquellas cilindricas, como hueca, se nos echo encima, vino en diagonal
tan rapida, tan subita, que no hubo tiempo de ponerle la proa. La ola
dio un golpe en la espalda de los dos primeros remeros, les hizo
torcerse violentamente y paso por encima de nosotros.
No hubo nadie de los nuestros que no creyera que aquel era nuestro
final. Al verme todavia en la lancha, yo me indigne.
--Estamos aqui parados estupidamente--les dije--. Hay que pasar. iHala!
--Nada, vamos--dijeron todos.
Estabamos dispuestos a hacer un esfuerzo supremo, cuando, con un enorme
estupor, vimos la goleta de Machin, que venia, saliendo de las puntas,
con el foque hinchado, como un cisne fantastico, rasando el agua.
Todos nos quedamos atonitos. El pailebot salio de las puntas y dio una
larga vuelta, con una rapidez inaudita. Llevaba dos pasajeros: Machin y
su criado. Era admirable de precision: una maniobra mal hecha, una
cuerda rota, y la goletilla iba al fondo del mar.
Al cambiar de direccion creimos que se hundia; hubo un momento en que
estuvo tendida casi por completo; pero pronto se fue enderezando y vino
hacia nosotros cinendo el viento. Sobre la cubierta estaba Machin,
tendido, acurrucado, y, al pasar cerca de nosotros, nos echo una cuerda.
Uno de los que iban a proa la cogio y la sujeto. Nuestro bote dio un
salto al ser arrastrado por la goleta y comenzo a hundir la proa en el
agua.
Machin, sin atender a las indicaciones del atalayero, se lanzo sobre las
olas amarillas de la barra, alli donde se confundian el cielo y el mar,
y paso el y pasamos nosotros con una velocidad vertiginosa, tan pronto
en la cumbre de una montana de agua, como casi atravesandola por en
medio.
Antes de que nos dieramos cuenta estabamos a salvo; Machin y su criado
bajaron las velas y nosotros remolcamos la goleta.
Salimos al muelle. En aquel momento los chicos de la escuela volvian de
rezar de la ermita por nosotros y nos contemplaban con admiracion.
Machin sabia que entre los pescadores era odiado, y no quiso presentarse
como nuestro salvador. El y su criado se retiraron. A este ultimo le
detuve y le dije:
--Han estado ustedes admirables. iQue bien han hecho la maniobra!
--Si, el barco es bueno--dijo el criado.
--Y los tripulantes.
El hombre me dio las gracias y desaparecio tras de su amo."
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