Ostras, ya somos 2. A partir del comienzo de la construcción del Illargi en 1972 cada vez que podía me pasaba media mañana dentro del astillero de los Muruaga tratando de no perderme detalle de lo que hacían aquellos auténticos maestros y acribillándoles a preguntas. Nunca me mandaron a freír espárragos.
Por cierto, aquel barco para la época era impresionante, quizá para mí el que tenía las líneas más perfectas de todos.
Comencé a visitar aquel astillero con asiduidad en el 69 con 13 años durante la construcción de la nueva merlucera de mi padrino, y a partir de ahí me entró la afición. Qué tiempos aquellos.
