Una forma sencilla de explicarlo que he usado alguna vez es la del columpio:
Si a una persona sentada en un columpio le damos un empujoncito por detrás, se desplaza hacia adelante un poco lentamente y vuelve atrás.
Pero si ese mismo empujoncito se lo volvemos a dar en el momento en que la persona está más cercana a nosotros, cuando se detiene su movimiento, resulta que aumentamos su velocidad y llega más lejos.
Repitiendo el proceso con el mismo nivel de empuje la persona en el columpio va adquiriendo cada vez una mayor velocidad. Eso mismo ocurre con el barco y el viento. Pongamos el barco parado con viento de través; el viento con su empuje inicial lo hace arrancar, y a medida que va adquiriendo velocidad, el viento le sigue empujando, por lo que segurirá acelerando.
Hasta donde? Es ya depende de muchos factores. Ya nos gustaria a muchos que nuestros barcos llegasen a la velocidad del viento, pero para ello o para superarlo hacen falta barcos como los del reto Julio Verne.
