
Me encantan las regatas.
Esas carreras a 10 kilometros por hora en las que puedes hablar de viva voz con los que te persiguen, y cambiar de conversación tres veces antes de que se alejen por la proa.
Las normas son estrictas y claras - en lo posible - para los interesados en sacar máximo partido de sus contenidos, vía estrategia, vía derecho de paso. Pero también se pueden adaptar en dos formas.
A) Ceder siempre y a todo. Es el último grito. A mi me va de lujo. No hay tensión, todo el mundo te sonríe, tu barco no corre peligro, tu agente de seguros tampoco sufrirá un infarto.... todo bien.
B) Declararse fehacientemente "Novato nivel 0". Tiene que ser de forma convincente. Si los regateros piensan que vas de farol habrá colisión. Tienes que convencer. En mi primera regata oficial - hará 8 años - salida muy apretada y no sé cómo coño me ví metido en un sandwich de dos barcos de mayor eslora. El uno gritaba "BARLOVENTO" (y yo solo podía asociarlo con una rítmica canción de Lola Flores que además sé a la guitarra), y el otro, por babor, gritaba "MISMA BANDA... MISMA BANDA" (íbamos los 3 amurados a babor). La solución fué definitiva. Marqué mirada al frente y grité tres veces con una voz que acojona: '¡¡¡ SIGO RUMBO - SIGO RUMBO - SIGO RUMBO !! Tal vez fué un cambio de táctica pero ambos barcos se separaron lo justo para adelantarme en franquía suficiente (yo ya miraba las crucetas) y luego el de sotavento - ahora que sé las reglas no sé por qué lo hizo - viró abriendo rumbo.
Con la sabiduría que da la experiencia, yo creo que se acojonaron.


