Todo apunta a que un privado, que en su día haba explotado un negocio en ese barco amarrado en el puerto de Benalmádena, un buen día deja de explotar su actividad, deja de mantener el barco, deja de pagar el amarre, y acumula deudas con el Ayuntamiento y con la autoridad portuaria.
Al no tratarse precisamente de un objeto de bolsillo que te lo puedas llevar a cualquier parte, se presentan proyectos de desmantelamiento, y se intenta pactar con el propietario un calendario de pagos.
El plan B, o sea retirarlo por iniciativa pública, supone de entrada una inversión inmediata para pagar los trabajos, desmantelamiento, transportes, gestión de resíduos, con dinero público y de dudosa recuperación.
Me pongo en la situación de cualquier gestor público responsable o con competencias y ese es el panorama que se me plantea, previsiblemente complejo y de solución no inmediata salvo que queiras invertir dinero público por un chorro para resolver los problemas creados por un privado.
Eolo se enfada, el barco se hunde, y solo con ver el titular ya saltamos a la yugular de los políticos y sentamos cátedra con las más agrias críticas, por no decir insultos, sin parar un solo minuto en analizar la situación ni en ponernos en la situación de aquel a quien dirigimos nuestra cólera...
No soy en modo alguno entusiasta de la clase política que impera en ese país, actividad en la ue pulula una clase de gente que están por estrenarse en el mundo laboral o empresarial, y que en demaiados casos no tienen mayor mérito de haber sostenido entre sus labios el carnet del partido correspondiente, que sin ningún miramiento se cambia según donde el sol mejor caliente, y que han aprendido a conjugar en frases grandilocuentes las palabras, espacio, herramienta, transversalidad, tarea....aunque resulten vacías de contenido.
Insisto, no me gustan nada los políticos, pero menos me gusta todavía la espontaneidad irreflexiva con que nos movemos, insultando con rotundidad aunque no hayamos invertido un solo instante en ponernos en contexto y en la piel del insultado para tener, antes de “opinar”, mínimamente claro que hubiéramos hecho en su lugar.
Saludos cordiales
