Continuando con el relato de la traveía...
A media tarde nos adentramos en el tráfico marítimo que entra y sale al dispositivo del canal de la Mancha, el año pasado encontré mucho más tráfico un poco más al norte, en ésta ocasión solo he tenido compromiso con un superpetrolero de trescientos metros de eslora, para evitar que maniobrase, a unas cinco millas, he recogido el foque para aminorar velocidad y que pasase por delante mío, lo hace a una milla, y me ha sorprendido que el oficial al mando haya agradecido la deferencia con una pitada, es la primera vez que alguien se digna a saludar, habitualmente en condiciones normales suelo evitarles hacerles maniobrar.
Hoy he hecho varias llamadas desde el tfno Iridium para dar noticias, una de ellas a mi routier meteorológico, me confirma que los modelos se mantienen igual que desde el viernes y no se prevé que cambien en toda la travesía, eso es una buena noticia, aunque como cada noche el viento aumenta hasta los 20kt meto de nuevo los dos rizos, quiero una guardia tranquila, aunque a la mar no hay modo de tomarla rizos y el barco se mueve como cuando navegas el Atlántico, y eso que de momento no lo hago a orejas de burro que tanto me gusta, tampoco las necesito porque el ángulo aparente siempre se mantiene entre el 120 y el 125 grados.
La noche del lunes ha sido la más movida, pues casi todo el tiempo han estado soplando 25kt lo que ha montado una mar de en torno a los tres metros, El pobre Rufino ha pagado las consecuencias ya que con su escasa movilidad y falta de visión se le han debido revolver las tripas y ha hecho las deposiciones en la cama donde duerme bajo la capota, nunca había hecho algo así, pero tampoco nunca había sido tan mayor como lo es ahora, triste destino navegar en un próximo futuro sin él.
A media mañana he timoneado un rato para sentir las mismas sensaciones que las de la navegación atlántica, aunque ha bajado el viento no así la mar, que pienso ha ido todavía un poco en aumento, sigo durmiendo a ratos, mi lema es dormir mis seis o siete horas reglamentarias sumando el cómputo, las haga de día o de noche para no acumular cansancio.
En el ordenador ni un solo barco en el AIS en toda la mañana, que desolación, hasta me ha dado algo de bajón, pero pronto se pasa porque ver que la golondrina todavía aguanta revoloteando por el barco da ánimos. La tercera singladura ya nos devuelve a velocidades del primer día 161 millas, cercanos a los siete nudos de media.
Por la tarde ya estoy a poco más de cien millas de la costa irlandesa, y primera actividad en el AIS, son pesqueros faenando, a medida que me acerco empiezan a aparecer en la pantalla como setas, uno, otro, y otro más, he contado no menos de quince, pero atención extrema porque voy directo al centro de la flota de arrastreros, pero lo que en la pantalla se ve como un conglomerado de barcos, en la realidad visual apenas he visto tres o cuatro, además no he tenido que maniobrar a ninguno, los dos o tres que se encontraban en mi camino, antes de que llegase han variado su curso de pesca, ¡que diferencia con los que me encuentro en el Mediterráneo! que los veleros parecemos atraerlos como la miel a las moscas y casi siempre les tenemos que acabar maniobrando, curioso, pero no quiero pensar mal.
Tercera y última noche, quiero llegar al amanecer, las 6:30h y para ello he de navegar las horas que quedan sin superar los cuatro nudos. En primer lugar tomo el tercer rizo a la mayor, así lo pruebo, que a ésta vela nunca se lo había metido, nada, de siete nudos que llevábamos solo he reducido medio, recojo más de medio foque, nada, cinco nudos y medio, fuera todo el foque, medio nudo menos, aún es ir muy rápido a cinco nudos, solo me queda una opción si no quiero arriar toda la mayor, llevarla a la crujía, la cazo a tope y ahora sí, los cuatro nudos previstos.
En el medio de la garganta de entrada, de no más de cincuenta metros de anchura festonada de rompientes que pudieran dar canguelo a quien no haya pasado por otras parecidas, anteriormente, pero para espantar fantasmas hay una boya verde con una luz que venía viendo desde dos millas atrás, es una buena referencia enfilarla para no hacer tonterías ni equivocarte, enmedio de las abruptas rompientes de ambos lados, de todos modos las dos cartografías electrónicas que llevo delante, son muy precisas y marcan la ruta correctamente, luego, una vez dentro, sigo unas boyas rojas y verdes que delimitan bajos a babor y estribor, desembocando en la amplia dársena del puerto natural de Baltimore, largo el ancla junto a un campo de boyas y doy la singladura por concluida, 687 millas en tres días y dieciocho horas desde que saliera de Sada, me encuentro eufórico y descansado, es la travesía en solitario más larga que he realizado, aunque no lo sea en tiempo.
Ahora me dedico a organizar, todo para el crucero de etapas cortas, volver la mesa a su lugar, preparar camarote, limpieza y dejar todo a son de mar, si no lo estaba ya, ni siquiera necesito echar una cabezada.
Por la tarde, pongo la neumática en el agua y me acerco hasta el pueblecito de Baltimore, no hay mucho que ver y en media hora ya estoy de vuelta, como suponía no hay mucho más que lo que se apreciaba desde el barco, tres auténticos pubs irlandeses, un par de hoteles, un pequeño supermercado y en lo alto un viejo castillo de defensa del puerto, ahora reconvertido en atracción turística donde se organizan autenticas fiestas piratas, o almenos eso reza el cartel de la entrada.
Como era e esperar no me acostumbro a dormir del tirón después de las noches en guardia, el cuerpo se adapta a lo que le echen.
No me detengo mucho en el lugar, para el día de hoy tengo previsto un plato fuerte, voy a poner rumbo a la
Fasnet Rock, era uno de los objetivos que me había planteado para recalar en Baltimore.
El viento anda en torno a las 18kt de aleta y la mar ha bajado un poco con respecto a la de ayer, cruzo el portal de rompientes y pongo rumbo al W. Alcanzo la roca tomándola por su lado norte, no paro de tomar fotos y videos, en sus aledaños la corriente e un nudo que traemos forma una mar desordenada y remolinos, a los cuales ya esoy acostumbrado de otros lugares, pasamos como una exhalación por la Fasnet y mantengo el rumbo por lo menos otras diez millas hasta que libramos la punta del cabo Mizen Head, traslucho y rumbo a destino la islita de Bear, que tras ella hay un buen refugio para pasar unos días fondeados a la espera de tener de nuevo vientos favorables para ir tirando hacia el norte.
Entro por el pasillo entre la isla Bear y tierra firme como una exhalación a toda vela, enseguida la superficie queda como en una piscina, es lo más parecido a navegar por un rio de aguas mansas, la altura de la isla produce desventes y como tengo claro de antemano donde voy a fondear arrío velas y a motor me dirijo a una resguardada bahía a media milla de la población de Castletownbere, aquí pasaré los próximos días y con el motor de 10cv en la neumática que me proporcionan 15kt de velocidad, en un par de minututos me acercaré a echar un vistazo a este pueblo de pescadores.

Sueño reparador en mi puesto de navegación

Baltimore

navegando a la fasnet
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Fasnet Rock, lugar de leyenda

La costa sur y oeste irlandesa se pareece mucho a la gallega
Salud
