Remontar la costa Oeste irlandesa
Cuatro días en Castletownbere he estado parado, (me cuesta aprenderme el nombrecito) pendiente en todo momento de la meteorología, el mapa de previsiones está un poco revuelto, ni los modelos se ponen de acuerdo, unos pronostican vientos del sur y otros del norte y ¡a solo cinco días vista! pero no importa, el lugar es estupendo y las prisas no me apremian.

Posición en la carta del fondeadero de Castletownbere
La temperatura ronda entre los 10 grados de la mañana hasta los 15 de las primeras horas de la tarde. Me encuentro en una bahía muy tranquila y protegida de cualquier viento. Castletownbere es un pueblecito dedicado enteramente a la pesca, un luminoso mural en la entrada del puerto lo establece como capital de la pesca irlandesa, no es para menos, unos cuantos grandes pesqueros se encuentran amarrados en los muelles, el pueblo de poco más de quinientos habitantes se aglutina en torno a la calle principal de vistosos edificios con diversos comercios y poca gente por la calle.

Mural de bienvenida
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El selfie para el recuerdo de mi paso por Castletownbere
Solo he visitado el pueblo un par de veces, he ocupado mi tiempo en escribir, leer, hablar con mi gente, mantener la limpieza, el orden y cocinar, hay tiempo para todo, pero sobre todo dedico especial interés en planificar rutas con diversas alternativa meteorológicas, como digo, no tengo prisa, pero tampoco me voy a eternizar en la subida.
Rufino cada día lo lleva mejor eso de no salir mucho a caminar, se da sus paseos por cubierta tres veces al día para sus necesidades y el resto tumbado en su cama economizando energía.
El lunes día 20 de mayo me pongo en marcha de nuevo, temprano, tengo unos días de bonanza, y los voy a aprovechar al máximo, destino la isla de Valentia, previo paso por las islitas Skellig, se hicieron famosas cuando rodaron algunas escenas de la últimas pelis de las Guerras de la Galaxia y para mí lo más importante es que posee numerosas colonias de frailecillos a los que intentaré fotografiar,

Mi paso por las Skellig
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Alcatraz en vuelo

Frailecillo, desde el pasado año llevo tras ellos, una de mis aves favoritas
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Colonia de alcatraces en Little Skellig
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Impresionante isla del Toro no muy lejos de las Skellig
Las Skellig no me han defraudado, estos dos pétreos islotes, como clavados en el mar, a ocho millas de costa, albergan toda una diversidad de aves, araos, alcas, fulmares, alcatraces, gaviotas y como no, por fin he podido contemplar los esquivos frailecillos, e incluso fotografiarlos desde lejos, porque a nada que te acercas se sumergen rápidamente. Hasta las islas se acercan lanchas con turistas desde la vecina villa de Portmagee, donde me dirijo, no sin antes acercarme a la pequeña Skellig, impresionante este peñón enteramente rocoso que desde la lejanía parece nevado, pero no, no estamos en el mes de enero, no es otra cosa que el blanco plumaje de la colonia de miles y miles de alcatraces, que habitan apretujados hasta el último rincón del peñascal.
Con el recuerdo y una buena colección fotográfica, navego hasta el canal que separa la isla de Valentia de tierra firme, en esta isla de verdes praderas se rodaron escenas de La Hija de Ryan, el canal es como un río por la proximidad de sus orillas, incluso la corriente de marea es intensa, finalmente largo el ancla no lejos del pueblo de Portmagee, al que me acerco con la neumática para hacerle una visita.
Lo dicho, este pueblecito de pescadores, de cuyo pasado aún recuerdan media docena de pesqueros, que al atardecer regresan de la faena, poco queda, ahora la actividad principal es la turística, la parte central del puertecillo lo ocupa un pantalán donde están amarradas dos docenas de lanchas turísticas para las excursiones de visitantes a las islas de los pájaros y como no, visitar el llamativo escenario de Star Wars para muchos fans de la serie de películas.

Portmagee
No me demoro mucho en el lugar, ni me siento cautivado por la fama del cine, mi objetivo es continuar hacia el norte. He planificado para hoy una derrota corta de solo veinticinco millas, no me doy prisa en salir, remoloneo un poco más de la cuenta en la cama, pero el trasiego de las lanchas turísticas que pasan cerca a toda pastilla, me zarandean sin el más mínimo respeto, desayuno y me largo del hasta ahora tranquilo fondeadero,
Poco viento el previsto para hoy y del sur, pero como son pocas millas y no me espera nadie a cenar, me lo tomo con calma, no pienso gastar ni un litro de gasoil más de lo necesario y aunque navego a poco más de tres nudos, ajusto y trimo velas a cada role de la brisa, arañando esa décima de nudo, como si fuese una autentica regata. En esa tesitura me encuentro cuando casi sin enterarme ya es la una del medio día, hora de preparar la comida, dejo las espadas en alto de mi competición contra el GPS, conecto el piloto y me tomo el tiempo necesario para prepararme unas judías verdes con jamón, si, unas lonchitas de ese jamón al que Rufino no le quita ojo desde su cama y que sabe siempre le caerá algo.
He comido justo a tiempo para atravesar por el paso de las Blasket, un archipiélago de islas y peñotes, separadas de la península de Dingle por un pasillo de media milla en cuyo canal tengo una corriente favorable de dos nudos y medio, junto a que la brisa ha aumentado lo cruzo como una exhalación y pronto alcanzo la bahía de Smerwick, un encantador paraje rodeado de granjas y pequeñas comunidades, en cuyos aledaños he visto los primeros árboles de Irlanda ¡Alheluya! largo el ancla junto a la playa y tranquilidad.
Según la meteo solo iba a tener viento por la noche hasta media mañana y para la singladura hasta las islas Aran tengo 62 millas, así que con el plan de gastar el mínimo gasoil posible, me propongo salir a las tres de la mañana, me acuesto prontito y poco antes de las tres ya estoy en pie, pero fuera en la bahía cero viento, vaya, para gastar gasoil, mejor lo hago de día y no arriesgar a pillar alguno de los muchos aparejos que los pesqueros de los alrededores largan por todos lados, así que a la cama de nuevo.
No me demoro en salir en cuanto hay claridad suficiente, las seis de la mañana, sin viento, aunque curiosamente lo encuentro fuera de la bahía, bueno menos mal, seguro que ha estado ahí fuera toda la noche, bueno, no es momento de lamentarse, aprovecharemos lo que se pueda y se ha podido hasta media mañana, como estaba previsto, seis horas de las poco más de doce que me ha llevado la travesía a motor, es lo que hay.

Llegada a las islas Aran

Entrada en el puerto de Kilronan
En la protegida bahía de las islas Aran en su capital, Kilronan me encuentro boyas de cortesía como las que había en Castletownbere, así que esta vez no me lo pienso, preparo los cabos y en un momento amarradito, bajo con la neumática a dar un voltio por el pueblo y a las cinco y media hora local, menos los dos pub que he visto, lo demás todo cerrado y el super solo abren de diez a cuatro, otra forma de entender el tiempo.
Mañana una corta singladura de 10 millas hasta Rossaveel donde por la tarde recojo al cofrade Noruego, ya le he dicho que venga pertrechado porque se acabó el veranillo que hemos tenido, pero esa historia quedará para la siguiente crónica.
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