Según mi opinión, Para mi la explicación al asunto es la siguiente:
Hay tres tipos de armadores, a saber:
Tipo ostentoso/modal: dado que “se lleva” eso de tener barco, mi “estatus” me pide tener uno. Me compro el más “molón” y lo equipo a tope para “fardar” ante mis “competidores”. ¿Quién no ha visto esos barcos (motor o vela) cargados de equipo, que lo más que hacen es enseñar a los asombrados visitantes la situación de dicho barco en el pantalán, utilizando para ello un radar-plotter de ultimísima generación?. Cuando tienes la desgracia de visitar un barco de esos con su armador, no cesa de repetirte lo que le ha costado el equipo, las puertas macizas de cerezo y otras maravillas por el estilo. Suelen tener la nevera en marcha todo el año, bien provista, por supuesto, y el aire acondicionado en marcha durante toda la semana, para que cuando lleguen esas horitas el “finde” su barco esté bien ambientado, sin importarles lo más mínimo la energía despilfarrada. Desgraciadamente abundan

y prácticamente nunca salen a navegar (menos mal, porque normalmente no hacen más que molestar a propios y extraños cuando lo hacen). Mi mujer les llama “barcos para merendar”.
Tipo bucólico/equivocado: es aquel armador que, desde la playa, ve pasar un barco y se dice: “que maravilloso sería navegar así, en lugar de estar en la playa con tanta gente”

. Sin pensárselo dos veces, pilla el barco que más le gusta (o al que puede acceder) y se lo compra. ¡Ay, amigo!. Se encuentra con la cruda realidad. Problema de amarre, problema de mantenimiento. Problema, problema…

y, además, ve que navegar no es ni tan bucólico ni tan fácil como se lo había imaginado. El barco se mueve. Hay que saberlo llevar (más o menos). La tripulación se queja de que se inclina (escora). No se puede cocinar como en casa. No hay amarre. Fondear no es tan sencillo… Total, que se asusta, cada vez sale menos y, al final, y lo deja “aparcado”. La mayoría de las veces porque no quiere reconocer que se ha equivocado (en muchas ocasiones “echa” la culpa a su mujer diciendo: “a mi me gusta; pero claro, mi mujer…”

).
Tipo convencido: es el armador al que, realmente, le gusta navegar y le gusta su barco (aunque siempre queremos algo mejor, claro

). Peeeeero, hay que trabajar… no siempre se encuentra tripulación… a su pareja no le gusta navegar… en fin, multitud de problemas que, al final, hacen que el barco se mueva mucho menos de los que su armador desearía. Este tipo, desgraciadamente, es el que menos abunda.
Moraleja:
Hay muchos barcos amarrados, pero entre los que no tienen intención de navegar, los que no se atreven y los que no tiene tiempo, resulta que más del 90% de la flota de recreo no sale de puerto ni diez días al año.
