Discusión: Travesías Traerme el barco a Suecia
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Piratilla
 
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Predeterminado Re: Traerme el barco a Suecia

Silvia está encantada con el puerto de Lyon. Ella ha vivido a bordo de este barco casi diez años con lo cual sabe de sobra apreciar las duchas maravillosas de esta marina. Pasamos el primer día haciendo turismo por la ciudad y llenando el barco de víveres. Lyon es una ciudad que merece la pena visitar y se come de maravilla, aunque también es cierto que después de la dieta de espaguetis de la última semana, cualquier cosa me habría sabido a gloria.



Lyon no sólo es atravesado por un pedazo de río como es el Ródano, sino por dos. El otro es el Saone, y ambos convergen en el centro de la ciudad. El Saone es por donde nuestro viaje va a continuar. Encontramos un poco menos de corriente así que ya nos movemos a cuatro nudos y el paisaje también es más bonito, más salvaje. Me ha sorprendido gratamente el buen estado de la naturaleza en los ríos de Francia. Enorme cantidad de pájaros de todo tipo, incluidas rapaces, peces enormes que de cuando en cuanto saltan fuera del agua y mucha vegetación. Lamentablemente, fuera de Europa la naturaleza no tiene tan buenas noticias, pero despierta algo de esperanza ver con qué fuerza se recupera en cuanto le damos un respiro.

La primera noche Saone arriba nos deja en un puerto que tiene gasolinera. Lamentablemente el surtidor no funciona con tarjetas extranjeras y el capitán del puerto ya no vuelve hasta mañana. Bueno, no podremos repostar pero al menos el amarre va a salir gratis. Para estar bien seguro, pongo el despertador a las seis de la mañana. El madrugón tiene recompensa, el amanecer es mágico, una capa de neblina cubre el agua y el cielo va cambiando de color a cada minuto.


La corriente es mucho más suave, y el barco se desliza sin problemas río arriba.



La siguiente gasolinera ya está en Chalon sur Saone. Llegamos sobre las 12 del mediodía, repostamos, amarramos y vamos a dar una vuelta por la ciudad. Cuando regresamos encuentro una nota sobre la cubierta del barco. En ella un señor inglés me informa de que lamentablemente ha golpeado el mástil de mi barco mientras amarraba, pero cree que no ha causado ningún desperfecto. Voy a verle a su barco y en primer lugar le agradezco que haya dejado la nota. Es un hombre muy amable. Me acompaña hasta el barco. Parece que no hay desperfectos. Ha golpeado la base del mastil, que es la parte más sólida, pero... me dice que ha desplazado el mástil hacia proa más de un metro. Entonces me fijo mejor y... vaya. El soporte de la antena del radar ha golpeado contra la cabina y se ha partido. O sea que no ha sido un "golpecito", ni mucho menos. El hombre me dice que evalúe los daños que él me abona el importe de la reparación sin ningún problema. Y así de pasada dice una cantidad "200 euros". Bueno, así de entrada no tengo ni idea de lo que puede costar. Le digo que tengo que evaluarlo, porque además habrá que ver si la antena todavía funciona.



El hombre vuelve a su barco y Silvia y yo comenzamos a hablarlo. En seguida nos viene a la memoria un incidente parecido en Almerimar, donde un alemán embistió mi barco amarrado y también me ofreció "arreglarlo entre nosotros" sin dar parte al seguro. Aquello acabó fatal y terminé lamentando no haber dado parte al seguro. Así que vuelvo al barco de este hombre. Cuando menciono la palabra "insurance" su expresión cambia por completo. Me dice que solamente tramitar el parte le sale más caro que pagarme la reparación. Yo le cuento mi experiencia previa con este tipo de arreglos amistosos e insisto en que creo que es mejor solución, para eso están los seguros... Su amabilidad va dejando poco a poco paso a cierta tensión, así que para intentar suavizar las cosas le digo que lo tengo que consultar con mi compañía de seguros y que ya le diré algo. A los cinco minutos aparece en mi barco, ahora con una actitud decididamente hostil. Quiere sacar fotos de los daños. Ningún problema, adelante. Más tarde hablo con el marinero del puerto que me dice que sí, que lo ha visto todo. Esto me deja pensando qué habría ocurrido si no hubiera habido testigos... tal vez no habría encontrado ninguna nota sobre la cubierta. Todo esto me reafirma en que lo mejor es dar parte. Le pido los datos al marinero y llamo a mi seguro. Todo esto va a retrasarme pero qué se le va a hacer...

Al día siguiente por la mañana reanudamos el viaje. He decidido que lo más sensato es hacer la reparación en Travemunde, donde tengo intención de subir el palo de nuevo, ya que quiero asegurarme de que, cuando se monte el nuevo soporte, la antena no haya sufrido daños. Y eso no lo puedo comprobarlo con el mástil sobre cubierta.

Cerca del mediodía llegamos a la esclusa que da acceso al canal Rhone-Rhin. Allí un esclusero muy amable nos explica que las primeras setenta esclusas (de las 130 que tenemos que pasar para llegar al Rhin) las pasamos nosotros mismos con un mando a distancia que nos facilita. Perfecto. Salimos de la esclusa y no hemos hecho ni cien metros cuando ya vemos la segunda. Madre mía. Esto es lo que nos espera durante toda la próxima semana. Esclusa tras esclusa.

Solo hay 100 millas en linea recta entre el Saone y el Rhin, pero se avanza muy lentamente. Hacer 20 millas en un día es una auténtica hazaña. Y para rematar una ola de calor extremo ha llegado de repente, subiendo el termómetro por encima de los 30 grados. En las esclusas no hay manera de evitar el sol. Te lo comes con patatas. Todo el frío que he pasado en el Ródano no es nada comparado con esto. Sudamos para avanzar y al final de cada día, mirando el cómputo de millas en el Navionics me dan ganas de llorar.
Y yo que pensaba, "menos mal que a partir de aquí ya no hay corriente en contra". Corriente es verdad que no hay, pero las esclusas me frenan mucho más que las corrientes.


Navegar por los canales es bonito. Cuando logro olvidarme de la cantidad de esclusas que me esperan, consigo disfrutarlo. De vez en cuando nos adelanta alguna bicicleta, lo cual me sirve para darme cuenta de que cinco nudos, en realidad, no es nada...

Silvia dice que se lía con el piloto así que cuando se queda al mando lleva el timón a mano. Y es en uno de esos momento en que está al timón que de pronto suena un pitido. La temperatura del motor! No sale agua por el tubo de escape!. Rápido, el ancla. Fondear en un canal de diez metros de anchura no se puede hacer a lo loco, porque a poco que bornees te vas contra la orilla así que tengo que esperar a que el barco esté casi detenido. El filtro está lleno de algas. Lo limpio. Arranco. sigue sin salir agua... Tiene que ser el grifo de fondo. Me las veo y me las deseo para sacar el tubo del grifo, pero finalmente lo consigo. Un puñado de algas lo ha atascado completamente. Retiro las algas y arranco. Sigue sin salir agua... Que cojones...? La bomba? Me dispongo a desmontar la bomba pero me detengo a pensar... Es imposible, las algas no pueden alcanzar la bomba ya que el filtro está de por medio. Vuelvo a revisar el filtro... Está limpio. Joder... Vuelvo a retirar el tubo del grifo de fondo... Sale agua pero... Tal vez no la suficiente. Meto una varilla por el grifo y... Ahora sí! Un chorro de agua sale disparado. Vuelvo a montar todo, arranco y... Voilá.


Hemos tomado la ruta del Rhone-Rhin para evitar las algas pero parece que las algas son un problema también aquí. De modo que la rutina de las esclusas cambia a partir de ahora. Mando a distancia, semaforo verde/rojo, apertura de compuertas, entrada a la esclusa, amarre, parada del motor, accionado de la palanca de llenado y corriendo al interior a limpiar el filtro del motor. A pesar de limpiar el filtro en cada esclusa, a veces el barco pierde velocidad entre esclusa y esclusa. Primero pensaba que era debido a que iba arrastrando algas con la quilla o la pala del timón, pero descubro que la pérdida de velocidad se debe, sorprendentemente, a que el filtro se atora y el motor pierde potencia por el esfuerzo adicional que supone mover la bomba. Las primeras veces que esto ocurre hago un fondeo de emergencia y limpio el filtro, pero pronto depuro la técnica. Apago el motor, dejo a Silvia al timón y corro a limpiar el filtro. Cuando volvemos a arrancar todavía nos movemos a dos o tres nudos y de esa forma se pierde mucho menos tiempo.


Pero cada vez hay más algas y empiezo a temer por lo que pueda encontrar más adelante. Llegamos a un tramo en el que el agua ni siquiera se ve. Con el motor a plena potencia no hacemos más que medio nudo. Se me hace eterno pero finalmente llegamos a la esclusa. Es un alivio relativo ya que mi preocupación ha crecido varios enteros. ¿Habrá tramos peores que este?



A Silvia tampoco le agrada mi nivel de estrés, pero a diferencia de Gerardo, ella también se estresa, sobre todo con las esclusas, que no le gustan nada. Así que pasamos el día intentando tranquilizarnos el uno al otro de un modo muy poco convincente.

A las seis de la tarde, aunque todavía nos quedan horas de luz, decidimos parar en un embarcadero, porque estamos saturados. Silvia se va de paseo y vuelve con un manojo de flores. Más tranquila. Menos mal. De momento hemos conseguido no tomarla el uno con el otro y eso ya es un triunfo. La convivencia es difícil, son muchas horas juntos en un espacio muy pequeño y encima pasando nervios, pero el recuerdo de otros viajes infernales hace que nos esmeremos en mantener la armonía y en cierto modo lo vamos consiguiendo.

El perito de mi seguro me ha llamado por teléfono y viendo lo complicado que va a ser realizar el peritaje del estropicio a lo largo de mi ruta, me dice que haremos un peritaje "online" con una app que sirve para eso. Lo único que necesito es tener buena cobertura telefónica pero eso es también un problema. La mayor parte del tiempo no hay cobertura alguna, y cuando la hay es muy débil. Finalmente encuentro un lugar donde tengo tres rayitas y conseguimos relizarlo con éxito. Hay que ver. Mi móvil no sólo tiene todas las cartas de navegación, el plotter y los partes meteorológicos, no sólo me permite hablar con mis seres queridos, poner música, hacer fotos y vídeos, sino que también me ahorra una cita complicada con el perito, que seguramente que me habría hecho perder mucho tiempo.

El tiempo sigue siendo mi mayor preocupación. Avanzamos muy despacio. Ya hace diez días que llegué a Lyon y cuando miro el mapa y veo la escasa distancia que he recorrido en ese tiempo se me cae alma al suelo. Menos mal que todavía no sé que la velocidad seguirá cayendo en los próximos días, cuando salgamos al río Doubs... Pero creo que esto ya os lo cuento mañana.

Editado por dhow en 19-07-2019 a las 01:23.
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