Hace muchos años, a principios del siglo XX, una pareja que se casó. El chico no era muy espabilado y no encontraban trabajo, por lo que como alguien les comentó que en Argel encontraría trabajo, pues que allí se fueron.
Él, encontró trabajo enseguida en el norte de Argel, en el campo. Ella encontró trabajo más al sur, como criada en una casa y se mudó, separada de su marido.
Al cabo de cerca de un año sin verse, en que sólo se comnicaban por carta, él recibe una carta de su esposa, en la que le comunica que debe ir a verla para conocer a su hijo primogénito, que acaba de llegar al mundo. Como él era un poco paradito para estas cosas, sin dudarlo, fue a ver a "su hijo".
Con esto que llega, se abraza a su mujer y le pregunta por su hijo, lo coge en brazos. El niño era negro como la noche. Él, extrañado por que ambos eran más bien de piel clara, le pregunta el motivo de que su hijo sea negro, a lo que la mujer le responde:
- Pues verás, es que no llevo a penas leche en los pechos y le está dando de mamar una nodriza de color, por eso se ha vuelto negro.
El marido se cree esta excusa e ilusionado, le envía una carta a sus padres invitándoles a visitar a su nietecito.
Al llegar los padres del mozo, después de abrazarlo, puesto que hacía años que no se veían, se miran al niño con sospechas en la cara. Dice el padre:
- Oye hijo, ¿no es muy negro este niño para ser tuyo?
A lo que responde el hijo:
- Verá Padre, es que mi mujer no lleva a penas leche en sus pechos y le está dando de mamar una nodriza de color y por eso se ha vuelto negro.
El padre lo vuelve a mirar y responde:
- Pues podría ser. Cuando eras pequeño tu madre no tenía leche en el pecho, te dimos mucha leche de cabra y ahora, años después, te han salido los cuernos.
