En nuestro puerto por fin se ha conseguido dragar, pero durante años hemos estado sometidos a las mareas y una falta de calado alarmante. Los veleros tocaban fondo habitualmente sobre lecho blando sin que pasase nada; los más cercanos a la entrada, más expuestos al viento, se meneaban además con el paso de otras embarcaciones. Muchos acabaron cavando un lecho en su puesto de amarre de tanto rozar. No es lo ideal, obviamente, pero en el norte las mareas vivas pueden más que los calados "oficiales" de muchos puertos.
