Discusión: Travesías Traerme el barco a Suecia
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Piratilla
 
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Predeterminado Re: Traerme el barco a Suecia

A las dos de la tarde la corriente, de casi dos nudos, es en contra. Nuestra hora estimada de llegada ya no son las seis de la tarde, sino las ocho y media. Entiendo que en seis horas la corriente estará de nuevo a favor, pero claro, en ese momento justo estaremos llegando, y no la vamos a poder aprovechar.
Son las seis de la tarde y estamos ya a una hora del puerto de destino cuando Silvia dice: "para qué parar ahora, vamos a seguir y ya llegamos al Elba". No me lo puedo creer. Es ella la que lo propone y su propuesta me anima enormemente, porque eso significa que vamos a estar en el Báltico pasado mañana. Y por las próximas ocho horas de nuevo corriente favorable. Claro que llevamos ya más de treinta horas de travesía y de ellas he dormido en total tres o cuatro, y eso sin contar la paliza del día anterior a la salida y las escasas seis horas de sueño que me concedí para descansar. Ese día se suponía que a las seis estaríamos en puerto. "Vete a dormir", me dice y obedezco. Me hundo en la cama que ya está un poco más seca y caliente. Le digo a Silvia que me avise cuando lleguemos. Pero a los diez segundos me levanto para ver si puedo bajar el último parte del PassageWeather. Hay cobertura y aunque lleva un rato, consigo la previsión para las próximas horas. Nada, vamos a tener calma chicha y, al llegar al Elba, viento en contra y corriente en contra. Voy a la bañera a decirle a Silvia que me despierte cuando lleguemos a el punto donde nos tenemos que incorporar al dispositivo de separación de tráfico. "Vete a dormiiiir" me dice Silvia. Y le hago caso.

Cuando me despierta tengo la sensación de haber dormido un día entero, aunque sólo han sido seis horas. La noche está negra, pero eso ya lo sabía. Tenemos luna nueva. Y la corriente ya ha cesado. Necesito un minuto para vestirme, calzarme y encender el radar. Mis ojos van directos al Navionics , en las próximas diez millas voy a cruzar un par de salidas, líneas de ferry y atravesar unos bajíos en los que tendré poco más de un metro de agua bajo la quilla y finalmente incorporarme a la zona de separación de tráfico.
Bueno, cada cosa a su tiempo. Lo que importa es el presente, así que levanto la vista del Navionics y veo un mar de luces que no consigo interpretar. Barcos con las luces de navegación veo dos, uno de ellos muy cerca. Veo su luz de estribor por estribor, luego se cruza y veo su babor por mi babor, pero casi de frente. Es un barco de mediano tamaño, es todo lo que puedo vislumbrar contra el mar de luces que tiene detrás. Finalmente respiro aliviado cuando pasa por mi popa. El radar da cientos de puntos. Parecen plataformas... No joder, son mercantes fondeados. Un mar de ellos. Me tranquilizo y atravieso ese mega-parking imaginando cómo me verán ellos, con mi pequeña luz de navegación allí abajo.

A las cuatro y media empieza por fin a clarear y aunque ya estamos a poco más de cinco millas de la entrada al Elba, todavía no se ve la costa. Voy pegado a las boyas de estribor de la zona de separación de tráfico.



Afortunadamente no he coincidido con ningún barco grande, pero la corriente es de nuevo contraria y muy fuerte. El viento que anunciaban en la cara resulta que viene por el culo, pero es flojo. No da para sacar velas, pero sí es suficiente como para levantar olas contra los dos nudos de corriente. Poco a poco el viaje se vuelve más y más incómodo. Un gran mercante se nos cruza, pero la desembocadura del Elba se resiste.



Nos movemos entre tres y cuatro nudos al principio, luego entre cuatro y dos. Cada vez que pillamos una ola y damos un pantocazo perdemos dos nudos de velocidad. Pruebo a meterle un poco más de potencia al motor pero los pantocazos son horribles así que hay que armarse de paciencia y aguantar pantocazos y rociones. El Elba es anchísimo en su desembocadura. Vemos sólo una de las dos orillas. Cuxhaven está allí a nuestra proa, a estribor, pero a nuestra velocidad queda todavía más de una hora de paciencia, tiempo suficiente como para que me adelanten dos mercantes y me envíen sus olas para que me mantenga despierto. A quien no consiguen despertar es a Silvia que está profundamente dormida en el camarote. Finalmente entramos por la bocana. Cuando viro junto a la luz verde hay una foca asomando la cabeza, pero en cuanto me ve se sumerge. Paso algún apuro maniobrando para poner la popa al amarre, ya que hay corriente en esta zona del puerto y la hélice hace un ruido muy extraño cuando doy la marcha atrás, pero finalmente consigo atracar. Una señora alemana baja de su barco y me pasa las amarras. Le estoy muy agradecido. Entro al barco, me tiro al lado de Silvia. Y me duermo antes de que la cabeza toque la almohada. Cuarenta y seis horas después de salir de Amsterdam, estamos en el Elba.
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