José Luis Villalonga hablaba en uno de sus libros sobre su admiración por el escritor -creo- Graham Greene. La cuestión es que consiguió concertar una entrevista para una revista y al llegar a casa del señor Greene, feliz de conocerlo en persona, tuvo una decepción mayúscula, pues en vez de encontrar a alguien agudo, intelectual y de interesante conversación, capaz de hilvanar sus complejas novelas de intriga, se encontró con un borrachín británico de lo más vulgar e intrascendente.
La conclusión que Villalonga resumía en el libro es que nunca más iba a mezclar el personaje con la persona, ni mostrar el menor interés en conocer quién hay detrás de alguien famoso.
Coincido con su conclusión. Soy admirador de Leo Messi, pero no tengo el menor interés en conocerlo personalmente. Lo mismo digo de cualquiera de las personalidades relevantes que a lo largo de mi vida he tenido la ocasión de conocer cara a cara. Políticos, intelectuales, empresarios, cantantes, toreros, . . . . La mayoría -afortunadamente no todos- me decepcionaron enormemente como personas, o simplemente me parecieron intelectualmente irrelevantes.
He leído la mayoría de libros de don Arturo y lo considero un buen escritor. De ahí a admirarlo como persona hay una frontera que no voy a traspasar. Ni su afición a la náutica le redime de esta prevención. Tengo grandes amigos entre los navegantes, pero también he coincidido en el mar con personas de lo más desdeñable (y no quiero decir con ello que APR esté en este grupo).
Saludos y perdón por este rollo matutino

